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La leyenda del caballero negro (Capitulo X)


Capitulo X
(La Otra Cara de la Guerra)



Una furiosa lluvia cubrió el castillo, las piedras, el campo y a quienes a pesar del diluvio seguían con los funerales y honores para aquellos que ya no estaban. Thomas se despedía de todos sus amigos y otros caídos. Toda la frialdad y dureza que había tenido en el combate, parecía haberse disuelto por tanta agua.
Hablaba con cada muerto, prometía volverlos a ver, y rogaba perdón. Sus lagrimas se entremezclaban con las heladas gotas que recorrían su mejilla.
Su amada, la bella princesa, estaba preocupada por Thomas. No habían tenido mucho tiempo para compartir desde que la guerra había empezado, ella no sabia como se encontraba y no se animo a ir a interrumpir su triste despedida, por eso fue en busca de Sir Terry, para hablar sobre Thomas.
¿Sir Terry Dubbling? – Dijo la princesa cuando lo vio.
Su Majestad – dijo el caballero mientras hacia una vaga reverencia.
Necesito hablar con usted, por favor – dijo mientras la expresión de sus ojos pedían auxilio.
Estoy a sus ordenes – y tras una pausa – Majestad – concluyó.
Voy a ser sincera con usted, estoy muy preocupada por Thomas, hace horas que...
No tiene por que preocuparse Milady – interrumpió Sir Terry con dureza – Thomas es muy joven y aún no puede con su culpa – sin duda Sir Terry tampoco estaba bien, esas contestaciones no pertenecían a un noble caballero ante una dama, y mucho menos ante la princesa – además, nunca ha vivido una guerra como esta, esa tristeza que ahora siente, mañana en la lucha se transformará en un repulsivo odio que lo hará luchar con mas fuerzas que nunca – termino de hablar, y comenzó a alejarse.
La princesa Elizabeth no entendía el raro comportamiento de Sir Terry, él era un hombre que había combatido muchas guerras, no sabia que podía haberlo afectado. Su intención de que la ayudara a levantarle el ánimo a Thomas, había fracasado, estaba sola en esto.
A pesar de todo, Elizabeth decidió ir a hablar con Thomas. Se acerco entre las miradas penetrantes de aquellos que no se esperaban la presencia de la princesa, y bajo el aguacero que amenazaba con no parar, se paro junto Thomas.
Thomas, ¿no quieres ir al castillo?, hace frío, la lluvia esta helada, vas enfermarte – las palabras de la princesa eran poco convincentes, pero era lo primero que se le ocurrió -.
No, gracias... aun no termino de despedirme de mis hermanos – sus lagrimas caían – no merecían esto, la maldita guerra termino con su vida – el llanto fue inevitable – sus esposas, padres e hijos ya nunca mas vivirán felices – golpeo con fuerzas el suelo y su mano se introdujo en el barro -.
Pero no es tu culpa, tú como ellos peleas para defender a Gawain y nuestra libertad – Elizabeth no sabía bien que decir – así es la vida.
Así es la muerte querrás decir... – Thomas la miro y se dejo caer derrotado -.
Ella se arrodilló junto a él e intento ponerlo de pie. Sus intenciones eran inútiles, Thomas estaba desintegrado por tanta injusticia, se sentía traicionado y defraudado por la vida y simplemente no quería levantarse mas.
¡Vamos! – Dijo la princesa con intención de hacerlo reaccionar - ¿te vas a dar por vencido? Este no es el Thomas que yo conocí. ¿Dónde esta ese espíritu de caballero?
Thomas la miró, sus ojos redondos y fuera de órbita pedían perdón. Elizabeth se puso de pie y lo dejo solo. Sin duda no podía con esto, entonces recurrió a su padre.
Padre, necesito su ayuda – dijo Elizabeth mientras caminaba hacia él – y tu precisas la mía,...
Si, hija mía, estoy al tanto de la situacion. – Su rostro de preocupación evidenciaba que sabia lo que estaba ocurriendo -. Mis guerreros y Caballeros más importantes, se encuentran sin ánimos para continuar la lucha, y sin ellos el resto del ejercito esta perdido.
¿Que podemos hacer entonces? – Pregunto esperanzada de encontrar una rápida y meditada respuesta.
Debemos recuperarlos como sea, sin ellos Gawain esta perdida. – Un silencio los rodeo por unos segundos – ¡y no pienso perder esta guerra! – Alzo la voz con una autoridad impecable mientras se retiraba.
¿Que vas a hacer? – Pregunto confundida.
Voy a reunirlos, hay que hacerlos reaccionar.
Continuo caminando, cada vez más rápido, y Elizabeth lo seguía como podía.
Estaba decidido a solucionar las cosas a su manera y de manera inmediata, Gawain no podía perder ni un segundo.
Era la peor crisis que Gawain había atravesado desde el comienzo de la guerra, la peor crisis en miles de años, y si no se remediaba les podría costar la tan valiosa libertad. El Rey Hector recorrió todo Gawain en busca de sus caballeros y sus guerreros de la guardia real, estaba furioso, no podía entender como sucedía algo así justo en momentos decisivos; por lo tanto ordenó reunirse de inmediato en el gran salón circular del castillo.
Uno a uno fueron llegando, caballeros y guerreros, muchos parecían no haber dormido en años, sus rasgos demacrados delataban su mal estado anímico, otros parecían no haber luchado, estaban impecables. Timoty fue el ultimo en llegar, pero Thomas aun no había concurrido, el Rey fue en su busca y al instante regreso con él. Thomas estaba peor que cualquiera de los demás, sus ojeras eran negras como las nubes de la tormenta, sus cabellos sucios, completamente mojado, embarrado y sus ojos enrojecidos por tanto llanto.
Bienvenidos una vez mas, tenemos mucho que hablar... síganme – dijo el Rey seriamente.
Comenzó a caminar hacia un gran mural que había sobre una de las paredes, los quince hombres allí lo seguían sin hablar ni susurrar una palabra, Hector estaba furioso y lo hacia notar. Todos en su interior se preguntaban que era lo que iba a hacer.
Quiero que observen la pintura que esta aquí. – La señalo e hizo silencio.
En el enorme y majestuoso cuadro mostraba la esbelta figura de un joven Rey rodeado de cuatro caballeros de cada lado. Sus rostros inspiraban grandeza, sus gestos deslumbraban esperanza, el cuadro describía grandes hazañas de un tiempo anterior.
Observen detalladamente el rostro de quien se ubica en el centro, que por cierto esa gran persona fue mi padre y fue quien llevó a Gawain a lo mas alto. Deténganse ante la integridad de los caballeros ubicados a su lado, siempre a su lado – repitió con voz irónica -.
Durante unos instantes observaron en silencio, luego el murmullo y las conversaciones en voz baja rompieron ese vacío. Trataban de encontrar el motivo por el cual Hector les haría hacer eso.
Si piensan que sus rostros se deben a que nuestros antepasados vivieron una vida sin guerras, ¡se equivocan! El cuadro que esta ante sus ojos fue pintado el mismo día en que todos los enemigos de Gawain se rindieron y esos valientes hombres, que nunca bajaron los brazos – frunció sus cejas – se alzaron victoriosos.
La sala se vio nuevamente invadida por el silencio, los gestos de culpa, y preocupación. Thomas, en cambio, parecía haber revivido, sus ojos habían recobrado su brillo y su mirada volvía poco a poco a ser desafiante.
Ahora me gustaría que vean a unos caballeros totalmente derrotados, frágiles y temerosos. – El Rey caminó unos pasos y se paro frente a lo que parecía otra pintura, pero esta vez cubierta por una manta rojiza – ¿Estáis listos para ver esto? – Pregunto casi gritando -.
Uno a uno fueron aceptando, y cuando el Rey se aseguró que todos habían respondido se dispuso a descubrir eso que tenia oculto. Con firme tirón la rojiza manta callo al suelo y se descubrió algo que asombro a todos.
No era otra de sus pinturas de épocas anteriores, tampoco algo secreto y desconocido, sino que simple e ingeniosamente había colocado un gran espejo. Un gran y perfecto espejo.
Era tan grande que todos los caballeros e incluso el Rey podían verse a la vez. Esa era la intención, Hector quería que los Caballeros se vean en que condiciones estaban, cuanta diferencia había con aquellos que habían triunfado.
Al verse, algunos levantaron la cabeza y pusieron su mirada fija en sus propios ojos reflejados, otros por vergüenza simple y dolorosamente le dieron la espalda para no verse tan miserables; Thomas en cambio procuro pararse firme, acomodar su sucia cabellera y desgreñada ropa, como tratando de disimular la profunda depresión que estaba pasando. Durante unos escasos minutos, todos se miraron a través de este vidrio delator que les abrió la mente a todos. El Rey Hector los miraba uno a uno fijamente a sus ojos, su mirada era tan penetrante que parecía querer ir mas allá del cráneo. Sentir esa mirada clavada en sus ojos hacia transpirar de incomodidad a cada uno de los caballeros, que poco a poco se fueron reintegrando, fueron despertándose de un terrible hechizo que pretendían dejar atrás.
Y ustedes dicen ser Honorables Caballeros de la guardia real de Gawain, ¡mirence! ¡Parecen vagabundos sucios! – Dijo Hector provocando mas vergüenza en ellos – a simple vista cualquiera diría que son unos viejos arruinados y que no pueden matar ni una ardilla – dijo en voz mas baja pero con mas desprecio – y yo pretendo ganar la libertad de mi pueblo con ustedes al frente, que Dios se apiade de Gawain entonces.
Que Dios se guarde la piedad para otros, ¡Gawain va a ganar como sea! – Se escucho decir a Thomas -.
Los demás se dieron vuelta para mirarlo y casi sin darse cuenta se alzaron juntos en un grito que retumbo por todo el castillo.
¡Hurra!
Al ver esto el Rey quiso reír de alegría pero se guardo las risas para el final, sabía que los estaba recuperado, sus caballeros pronto serian aquellos infalibles guerreros dignos de temer. Había vuelto Thomas y con él, el animo revivió para ganar una guerra que pronto volvería a comenzar.
Para asegurarse de que todo era así Hector grito con todas sus fuerzas – ¡Gawain triunfara! ¡Ustedes triunfaran! ¡La libertad nos pertenece y nadie nos la va a arrebatar! – Finalizo levantando sus brazos hacia el cielo, como alguien que ha ganado un duelo y festeja, como alguien que agradece a sus dioses por haberlo logrado.
Los renovados caballeros se retiraron del salón circular, debían hacerse presente en pocas horas en el consejo de guerra, donde el Rey Hector y Mathius les informarían de un nuevo plan.
Mientras se retiraban, tomas alcanzo a ver como su amada princesa corrió hacia un gran abrazo con su padre que le agradecía su incondicional apoyo. Por sobre el hombro de su padre, Elizabeth miró a Thomas y este mientras se alejaba la miro tiernamente recordando sus esfuerzos por sacarlo de la angustia que lo había acechado. Un guiño de ojos de parte de Thomas fue un provisorio “gracias” que hizo que la princesa suspire de tranquilidad.


Texto de bakerstreet agregado el 10-01-2008.
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