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Inicio / Cuenteros Locales / bakerstreet / La leyenda del caballero negro (Capitulo XI)

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Capitulo XI
(Triunfo o muerte)



Las gotas de agua recorrían nuevamente su cuerpo, pero ya no llovía. Esta vez el agua era cálida, esta vez Thomas decidió alejar los fantasmas de su depresión y en su cuarto, luego de su baño, se sentía exhausto pero con mas ganas de vivir que nunca. Sentía muchas ganas de recostarse en su cama nuevamente, en ese momento se dio cuenta que hacia mucho que no dormía, pero el reconciliador sueño debía esperar; primero debía acudir a la prometedora reunión del consejo de guerra y estaba ansioso por eso.
Unos minutos antes de la planeada reunión, la princesa fue a su cuarto, todo este tiempo ya sea por la guerra o la depresión, Thomas había estado ausente y tenia grandes ganas de verlo. Los cálidos golpes en su puerta revelaron a Thomas que era ella quien estaba del otro lado, solo ella podía hacer de unos simples golpes tan dulce melodía.
Bienvenida su majestad – dijo Thomas con una sonrisa -.
Hola Thomas – sus ojos se iluminaron – ¿cómo has estado?
Ahora bien, gracias a tu padre y sobretodo a ti – sus gestos expresivos demostraban sinceridad – y la verdad es que nunca te he extrañado tanto – se abrazaron fuerte como si no se hubiesen visto en años -.
Yo también te extrañe, me has dado un gran susto, temí por tu salud – apoyo su rostro contra su pecho -.
Nunca mas debemos alejarnos, nunca mas lo haremos. Solo la muerte habrá de distanciarnos y no temo a la muerte, – dijo con toda seguridad – por el contrario, ella me teme a mí.
Thomas, solo espero que esta cruel guerra termine pronto, y regrese la paz – respondió con su mirada perdida -. Ahora solo quiero quedarme contigo.
Ahora no puedo, no puedo faltar a la reunión. Tu padre me necesita, y mis amigos deben estar esperando por mí. Es ahora o nunca. – Dijo seriamente tal como lo haría cualquier caballero -.
¿Vendrás por mi mañana? – Pregunto insinuando la respuesta –.
Por su puesto que si, mañana luego de acabar con los enemigos y recuperar la paz, vendré por ti. Lo prometo y lo cumpliré –dijo con la seguridad que lo caracterizaba -.
Los jóvenes se despidieron. La princesa temía mas que nunca por su vida, Thomas sentía que el coraje y el triunfo le corrían veloz por las venas, estaba listo para terminar con esa pesadilla.
Camino rápido, casi corriendo hacia el consejo. Sus ansias lo estaban haciendo volar de ganas, sentía un incontrolable poder terrible que solo podía apaciguarse destrozando enemigos. En el camino se encontró con Timoty quien lo estaba buscando.
¡Thomas! Nos tenias preocupados, pensamos que no vendrías, nunca llegas tarde – Comento algo inseguro Timoty -.
Tranquilo amigo, Thomas Ulrich a regresado, y con mas fuerzas que nunca – esas palabras fueron tranquilizadoras para su amigo -.
Ingresaron juntos por la gigantesca puerta que traía algunos recuerdos confusos de gloria y fracaso. En el centro del rectangular salón, sobre el suelo, se elevaba un escenario de poca altura donde estaba representado, desde el comienzo de la guerra, el campo de batalla con ambos frentes. Era algo de mucho valor utilizado para que el Rey Hector y Mathius dieran ordenes y todos opinen. Las columnas, grandes y altas sostenían un extenso y blanco techo de donde colgaban gigantescos y pesados candelabros. Hacia los alrededores había muchas puertas en forma de arco tapadas por cortinas rojas que daban la sensación que ese salón no terminaba simplemente ahí. Quizás detrás de todo eso había algún otro pasadizo secreto, como era característico en ese castillo. En todo el lugar se podía percibir un intenso olor a flores silvestres, que traían a los caballeros el recuerdo de los bosques de Bretaña.
Una vez que todos se ubicaron en sus respectivos lugares, el Rey dio por comenzada la sesión y junto con sus ordenes todos fijaron su mirada y agudizaron su audición para que nada pudiera malentenderse. Por un instante, al mismo tiempo que escuchaba instrucciones y recomendaciones, la mente de Thomas comenzó a volar mas allá del salón y se puso a pensar cuan indispensable era su presencia para Gawain. El Rey se había ocupado personalmente de él al igual que con los Caballeros. Se acababa de dar cuenta que ya no era un simple guerrero, ahora solo faltaba la armadura.
Las horas de reunión iban pasando. La voz del Rey retumbaba en la pesadez del silencio del salón, del castillo, y de Gawain. Era tarde y parecían los únicos despiertos en kilómetros.
Era el turno de Mathius, su ingenioso plan seria explicado meticulosamente como siempre, al “griego” no se le olvidaba ni un solo detalle.
Aquí estamos nosotros, aquí ellos – comenzó diciendo mientras marcaba en el elevado escenario -. Por la tarde, cuando finalice la tregua, los ejércitos de Darkshire se ubicaran de esta manera, agrupados en el centro.
¿Cómo estas tan seguro de eso? – Pregunto desconfiado Sir William Endilor -.
Estoy muy seguro por dos razones, primero porque conozco al Rey Marcus y sé que siempre va a tratar de disimular su enorme ejercito. Juntándolo en el centro parecerán centenares de guerreros, cuando en realidad hay varios miles de ellos – lo miro fijamente a los ojos -. Segundo, porque tiene que dejar lugar para las torres que usaran para la invasión, dos a cada lado, tan altas como los muros de este castillo le darán acceso a los guerreros dentro de Gawain.
Entiendo, entiendo... – dijo Sir William asombrado -.
Nuestra tarea será impedir su paso a través de los muros, es primordial, fundamental que mantengamos afuera a esos malditos invasores, – señalaba con su tembloroso dedo índice bien estirado, como tratando de alcanzar algo – nuestros ejércitos no estarán en el frente como siempre lo han hecho, sino que por esta vez, por ser la ultima vez, ya que no habrá próxima batalla, estarán escondidos detrás del castillo.
Las miradas confundidas de los allí presentes hicieron saber que no todo estaba claro. El Rey se percato de eso, por lo tanto, interrumpiendo las instrucciones de Mathius dijo:
Así es, tal como lo escucharon – hizo una pausa para mirarlos uno por uno a los ojos -. Nuestros hombres estarán escondidos detrás del castillo, serán dos formaciones individuales que cuando se dé la orden sorprenderán a los enemigos atacando por ambos lados de su línea.
Como dijo Su Majestad, atacaremos por izquierda y derecha al mismo tiempo – ambos perecían estar muy seguros de lo que decían – de esa manera dividiremos esa gran cantidad de enemigos en dos. Una mitad va a quedar atrapada detrás de nuestras fuerzas, que lucharan hasta el fin. Pero lamentablemente la otra mitad quedar libre de avanzar hacia el castillo.
Su táctica parecía suicida. Él mismo les estaba diciendo que al menos la mitad de sus hombres quedarían libres de avanzar, invadir y alzarse con la victoria. Todos los que estaban en esa sala entendían el plan, pero no le encontraban sentido.
¿Cómo podemos alzarnos victoriosos entonces?, ¿Es que acaso es imposible vencer a tantos hombres? – Pregunto un tanto disgustado Sir Maximilian Shefield -.
¿Y que hay de las torres?, ¿Dejaremos que nos invadan y masacren a nuestro pueblo? – Dijo mas irritado Sir Tracy Galaor por no comprender el verdadero sentido del plan.
¡Silencio! – Gritó con fuerza el Rey - ¡Quiero que mantengan la calma! Todas sus dudas serán aclaradas, todas sus preguntas son comprendidas, pero por favor dejen hablar a Mathius que todavía tiene mucho por explicar.
Como decía, una de las mitades será enfrentada por nuestros guerreros. La otra mitad correrá libre unos metros, de esa manera se dispersaran involuntariamente. Al ver todo el campo libre no podrán evitar salirse de sus líneas, las ansias por invadir harán que se separen, y al separarse serán mucho mas vulnerables a sus espadas. Es ahí cuando ustedes, Honorables Caballeros entran en acción – Mathius había dado un gran vuelco al plan, que ya no parecía tan suicida aunque lo fuese. Sin duda “El Griego” era un gran estratega, pero era mucho mejor dando discursos.
En cuanto a las torres – comento el Rey – no tenemos la certeza si van a utilizarlas. Pero de todos modos ya sabemos como atacarlas – sonrió astutamente -. Primero, utilizaremos el Fuego Griego. Segundo, las flechas harán lo suyo. Y si acaso eso no llega a ser insuficiente, tenemos una nueva arma que seguramente las derribara sin problemas – su silencio dio lugar a la obvia pregunta -.
¿Nueva arma? ¿De que se trata? – Thomas pregunto algo que todos querían saber -.
Se trata de una simple ballesta, con la diferencia que esta es enorme. Se necesitaran cuatro personas como mínimo para operarla correctamente. Otra de las diferencias es el proyectil arrojado, no serán flechas, serán puntas en forma de hoz sujetada por extensas sogas de sujeción. Su función es atravesar las torres y engancharlas para luego ser derribadas por uso de la fuerza – comento pausadamente el Rey -.
Las ordenes siguieron fluyendo, las preguntas acompañaban cada duda, el tiempo pasó rápido y sin que nadie se pudiera dar cuenta. Después de la reunión, y tras haber comprendido todo al pie de la letra, se marco el fin de tan agotadora cita. El animo de estos hombres tocaba las nubes, sentían muchas ganas de darle fin a esa pesadilla, y creían tener y saber todo lo necesario como para lograrlo.
Thomas necesitaba un descanso de manera inmediata, detrás de esas ganas de salir a pelear la ultima batalla se escondía un tremendo cansancio que se venia forjando hacia bastante tiempo atrás. La guerra había sido hasta ahora terriblemente desgastante para todo aquel que le tocara vivirla en carne propia, y mas aun para aquellos que además debían arriesgar sus vidas día a día, poniendo a prueba a la propia muerte.
Casi sin darse cuenta, Thomas cayo en un profundo y gratificante sueño. Como no podía ser de otra manera, la guerra fue nuevamente motivo de sus sueños, esta vez mas claro que antes, mas claro de lo que nunca antes había soñado. Como en todo ultimo sueño la batalla era desigual y sangrienta, y como en los demás sueños volvió a aparecer el Caballero Negro.
Esta vez, este misterioso personaje no solo lo acompaño en la lucha sino que además lo hablo como si se conocieran de algún lado. Las palabras de este majestuoso Caballero eran demasiado familiares para Thomas, como si estuviese hablando el mismo, como si cada frase saliera de su propia cabeza. A pesar de entender con suma claridad lo que decía, su rostro seguía cubierto por su casco, motivo suficiente para ocultar su identidad.
Entre las cosas que este Caballero de los sueños dijo, menciono algo importante. Eso importante era un amuleto, un distintivo que él quería que todos llevasen en la lucha para que la suerte este de su lado. Se trataba de una cinta de seda roja atada a cada muñeca izquierda. De esa manera, el triunfo llegaría pronto.
Cuando Thomas despertó al medio día siguiente, tenia la certeza de que esta vez él iba a estar con ellos en la batalla.
El sol brillaba radiante y furioso sobre un cielo despejado. El calor hacia hervir las armaduras de los valientes caballeros que aguardaban impacientes por la batalla final. Thomas ocupo su lugar mientras repasaba detalladamente el plan, al mismo tiempo que miraba con cierta esperanza su cinta de seda roja en su muñeca.
El calor era agobiante pero ningún caballero o guerrero parecía sentirlo. Cuando menos se dieron cuenta comenzaron a sentirse los tambores que marcaban la marcha de los enemigos. La tensión ponía rígidos sus cuerpos, las ansias los hacia sudar y sus deseos de poner fin a esa pesadilla crecían con cada paso del enemigo.
Finalmente llego el momento, los enemigos estaban a las puertas del castillo. Eran mas de lo que cualquiera se podía imaginar, pero eso no importaba, los hombres del Rey Hector estaban preparados para enfrentar cualquier cosa que se cruce delante de ellos.
A luchar!!! – Grito con todas sus fuerzas un esperanzado Rey Hector -.
Los guerreros respondieron con un gran grito de guerra y corrieron a su objetivo. En ese momento Thomas miró a su alrededor y noto algo que lo sorprendió mucho; todos sus compañeros portaban en su muñeca izquierda una cinta de seda roja idéntica a la que él tenia. Eso solo significaba dos cosas. Primero, que todos habían soñado con el legendario Caballero Negro. Segundo, que era mas que probable que esa tarde aparecería heroicamente a salvar a su gente.
El plan comenzó a ejecutarse al pie de la letra, tal como había aconsejado Mathius y había ordenado el Rey Hector. El enemigo se vio sorprendido al ver que nadie estaba defendiendo las puertas del castillo, pero mas se sorprendieron al ver que eran atacados sorpresivamente por ambos lados. Inmediatamente, esa gran masa de gente armada se separo en dos, el plan estaba funcionando a la perfección.
Al ver que se separaban Mathius, hizo sonar el gran cuerno de batalla. Al instante los guerreros dirigidos por Thomas, Timoty y Nereo se ocuparon del grupo que quedo detrás, y los caballeros aguardaron pacientes que el otro grupo se dispersase para empezar a atacar. Tal como había presagiado Mathius el segundo grupo comenzó a correr, saliéndose de sus compactas líneas, y fue ahí donde los Caballeros comenzaron a masacrar a sus enemigos.
Del otro lado del campo, los guerreros comandados por Thomas y sus dos amigos luchaban con todas sus fuerzas, mataban sin piedad, pero eran demasiados y parecían no poder.
Tras varias horas de batalla, tanto Timoty y Nereo hacían un esfuerzo sobrehumano por mantener equilibrada la batalla, además Thomas estaba luchando mejor que nunca, el filo de su espada había dado muerte a muchos mas enemigos que ellos dos juntos, sus golpes parecían tan letales como el propio veneno, era sin duda digno de temer.
La igualdad no duró demasiado, la gran cantidad de enemigos podía con todo. Los fatigados guerreros de Gawain comenzaron a caer en manos de sus enemigos, aparecían por todos lados, estaban por doquier, parecía no haber escape. Thomas se percato de la situación, e incito a que sus hombres no bajen los brazos y redoblen sus esfuerzos; pero era tarde. Cuando menos lo esperaba, Thomas recibió un golpe por la espalda que lo dejo inconciente, tirado en el suelo, al borde de la muerte.
A partir de ese momento el cielo comenzó a nublarse, millones de nubes negras cubrieron el despejado cielo, y al instante una gran lluvia cayo violentamente sobre todo Gawain. El viento soplaba furioso, como si la naturaleza quisiera castigar a los hombres por pelearse entre sí. En cuestión de pocos minutos todo el campo de batalla se cubrió de agua, haciendo la pelea más difícil aun. El gran Lago Azul había desbordado y parecía confundirse con el resto del campo, provocando que las fuertes corrientes, arrastraran los cuerpos que estaban tirados hacia el lago.
Pero la guerra era mas que cualquier cosa, nada haría detener tanta furia y sed de gloria, es por eso que nadie dejó de combatir, nadie dejó de matar, nadie dejó de morir.
El cuerpo ensangrentado de Thomas fue arrastrado hasta el lago junto con cadáveres y agonizantes que flotaban a la deriva de la gran tormenta. Thomas, o lo que quedaba de él, flotó hacia el centro del lago, donde una extraña corriente que formaba un poderoso remolino, lo succiono hacia el misterioso fondo.
Una potente fuerza sostuvo a Thomas en el fondo al momento que reaccionó. Al despertar, no sintió la asfixia, tampoco dolor, solo vio una luz que lo guío hacia una gran cueva. Al entrar, no solo descubrió que ahí había aire, sino que el paradisiaco lugar estaba cubierto por monedas de oro, desde el techo hasta el piso y las paredes. En el centro se alzaba un gran altar, y en el se encontraba un ataúd del más brillante marfil, Thomas se acerco, el deseo de saber que ocurría era gigante, pero mas grande era el misterio que cubría todo eso. Al ubicarse junto al faraónico ataúd alcanzo a ver una gran placa con letras de plata sólida, la escritura decía: “Aquí yacen los restos del increíble Caballero Negro, quien en este momento este leyendo estas palabras ha de ser un elegido del destino para llevar la paz al mundo.”
Thomas, atónito y confundido, no podía perder tiempo, su gente estaba a punto de caer y su pueblo a expensas de ser condenado para siempre; es por eso que sin pensarlo decidió actuar inmediatamente.

En el campo de batalla las cosas no estaban nada bien, cada vez mas guerreros de Gawain estaban cayendo y en cambio los de Darkshire avanzaban triunfantes entre la lluvia que no se detenía. Era horroroso ver tanta cantidad de muertos, heridos y agonizantes tirados en el barro, mientras que aquellos que seguían aún con vida continuaban peleando para vencer y no ser vencidos. La situación para Gawain no era para nada alentadora, uno a uno seguían cayendo sus hombres y el Rey Hector comenzaba a perder las esperanzas al enterarse que Thomas había caído, sin él la derrota seria cuestión de minutos.
Por otro lado, el Rey Marcus veía que sus ejércitos avanzaban rápidamente y sus planes funcionaban a la perfección, por lo tanto era hora de invadir el gran castillo de Gawain, el gran premio final que le daría el dominio sobre todas las tierras de Bretaña. Por lo tanto, ordeno acercar las famosas torres que le darían acceso a través de los enormes muros de Gawain. Al observar eso, el Rey Hector ordeno preparar las enormes ballestas, se negaba a rendirse, por consiguiente decidió luchar hasta el final.
El momento decisivo había llegado, la lluvia había cesado y una espesa niebla cubría el campo, el castillo y los propios guerreros. El olor a sangre se hizo mas intenso y los alaridos de dolor se callaron, el silencio tan espeso como la neblina rodeo a cada una de las personas ahí presentes, solo un leve murmullo de voz de mujer se podía percibir a lo lejos. Eran las oraciones de tantas esposas, hijos, y madres de quienes luchaban y morían en batalla.
En ese preciso momento cayo desde el gris cielo un ruidoso y potente rayo que hizo temblar la tierra. Tan potente y veloz como el rayo apareció desde la mas espesa niebla cabalgando su furioso corcel el tan esperado Caballero Negro. Tal como la leyenda decía, “en la guerra más grande que la tierra conozca, cuando el mal este por vencer, aparecería para hacer justicia...” y así fue. Thomas, vestía una impecable armadura negra, una increíble espada, un hermoso escudo con la palabra Victoria en el centro. Sus heridas ya no sangraban y su mente comprendía que él era ahora el Legendario Caballero Negro.
Su luminosa espada de diamante azul brillaba ansiosa, su filo cortaba la niebla abriéndose paso hacia la batalla. Al verlo acercarse muchos huyeron, muchos quedaron paralizados, pero fueron mas los que unieron en armas al verlo agitar su brazo, mover su espada, y notar que de su muñeca colgaba la cinta de seda roja.
Su sola presencia había hecho renacer al ejercito de Gawain, pero fue su fuerza, su astucia, y su habilidad para la lucha fue lo que revirtió lo que parecía la gran derrota de su imperio.
Uno a uno los guerreros de Darkshire fueron cayendo, muertos por el increíble filo de su espada, por la magnifica fuerza de sus puños; uno a uno fueron huyendo de lo que parecía una muerte segura. Así también como sus hombres, cayeron sus torres y con ellas el fin de la tan temida invasión. Los hombres de Gawain no podían creer que quien peleaba a su lado, no era nada mas ni nada menos que el Caballero Negro.
En poco tiempo, Thomas y los sobrevivientes guerreros de Gawain habían acabado con sus enemigos, ya no había nadie que osara de levantar su espada en su contra, ya no había enemigos vivos en el campo de batalla. El tan esperado momento había llegado, la maldita guerra había terminado para Gawain y su gente; pero no para Thomas, puesto que aún tenia que saldar una cuenta pendiente... sus padres.
Inmediatamente, Thomas cabalgo a toda velocidad en su negro corcel hasta las puertas de las sombrías tierras de Darkshire, donde aún no habían llegado quienes habían huido de su ira. El recuerdo de sus padres enfureció aún mas al siempre temido Caballero Negro, que aguardaba impaciente, en las puertas del enorme castillo, la llegada del derrotado Rey Marcus y lo que quedaba de su gigantesco ejercito.
Al llegar, el Rey Marcus vio como el Caballero Negro paralizó la enorme caravana de heridos y de aquellos cobardes que habían huido. Sin tolerar una humillación mas, Marcus decidió desafiar al poderoso Caballero.
Has derrotado a mi ejercito, has hecho polvo mis planes, pero te aseguro que fue lo ultimo que has hecho – dijo en voz alta, casi gritando el Rey Marcus mientras se acercaba -.
¡Libera a los prisioneros si no quieres morir! – Dijo Thomas con furia -.
Jamas!!! – Dio un terrible, pero impotente alarido y se dispuso a atacarlo -.
Un segundo después, su cabeza rodaba por el suelo. Thomas había decapitado de un certero y firme espadazo a quien había osado de desafiarlo, quien había sido un despreciable tirano que llevaba la crueldad en la sangre, que sin compasión había sometido a todo un pueblo y había llevado a una guerra sin sentido alguno mas que el de la ambición.
Los guerreros de Darkshire terriblemente asustados, no reaccionaron ante la muerte de su Rey; sino que le permitieron a Thomas entrar al castillo. Cuando las puertas se abrieron, Thomas entro caminando a paso firme pero lento, llevaba en su mano, tomada de los ensangrentados cabellos la cabeza de quien antes reinaba esas tierras. Inmediatamente la sorprendida población de Darkshire rodeó a Thomas sin poder creer lo que estaban viendo, solo se escuchaba un leve murmullo de quienes comentaban sobre lo que estaba pasando. Antes que alguien pueda decir algo, Thomas levanto la cabeza para que todos la vean y grito: - Señores, sus días de sometimiento y mala vida han terminado, ya no obedecerán a reyes malditos ni estarán obligados a pelear en guerras sin sentido... de ahora en adelante son Libres!!! -.
En muestra de apoyo y agradecimiento la gente de Darkshire grito muy fuerte: - Hurra! -.
Sin perder mas tiempo Thomas fue en busca de los prisioneros para liberarlos. Darkshire tenia gran cantidad de esclavos encerrados en mugrientas mazmorras de escaso tamaño. Entre los agradecidos prisioneros se encontraban sus padres, quienes como era de suponer no reconocieron a Thomas. Fue una emoción enorme volver a verlos y saber que se encontraban bien, pero ese no era momento para darse a conocer; debían regresar a Gawain y regresar esa pobre gente a su hogar y familias.
Antes de retirarse de Darkshire, Thomas dijo en voz alta para que todos escuchen: - Sé que ustedes decidirán quien gobernará de ahora en adelante estas tierras, solo espero no tener que cortar ninguna cabeza mas... suerte y hasta siempre -.
Así fue como Thomas seguido de una gran cantidad de liberados esclavos emprendió su regreso a Gawain, donde sin duda daría una gran sorpresa y podrían comenzar los ansiados festejos que marcan el fin de la Guerra.

Texto agregado el 10-01-2008, y leído por 11 visitantes. (0 votos)


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