Angustiada, menospreciada, desterrada a las páginas de un mal libro;
Así te sientes algunas veces amiga mía;
Como si toda la verdad que tejes se disipara en tus labios
Y el entorno rompiera en risas mudas;
Anclada en la bahía del oscurantismo leyendo herejías;
Agazapada bajo argumentos forjados del dorondón;
Caminando vendada por un sendero furtivo;
Así te miran un millón de ojos tuertos del alma;
Por favor no sientas la lava que irrita tu cuerpo;
Desnuda tu virtud que punza a los huraños;
Déjate acariciar por el regocijo de sentirte verdad
Y contempla con piedad aquel círculo monótono de serpientes
Que gira alrededor de tu hogar, enséñales entonces el dintel:
“Quien busca la verdad corre el riesgo de encontrarla”;
¡Ábrele la puerta a los inmorales y a los exhibicionistas!;
Alcánzale la espada a los que no niegan el fulgor de la mentira;
Sé el sacerdote que en la oscuridad oye los lamentos de los temerosos;
Hazte mostacilla inconfundible y sé acólito del agua;
Y no declines amiga mía, que la penumbra es un terreno baldío, un cielo sin Santos;
Ampara las flores que tanto amas y susúrrale aquellos versos que solías recitar;
Mira como crecerán, torcidas, descoloridas y consumidas por la insensatez;
Vanaglóriate de ser una flor única entre el estiércol;
Y acude al llamado del Minotauro y todos los hombres renegados;
Pero amiga mía, a mí no me aguardes
Que estas sombras son más que el escrúpulo que tú lograste disipar,
Es por eso que se desvanece en tus labios… (Remordimientos);
Nunca nos alcanzarás si no nos retractamos de nuestro semblante;
Somos el escandaloso orgasmo de una prostituta, el fervor de un condenado a muerte;
Somos la culpa de la cual aún no nos hemos librado;
Somos el reflejo de tu imagen en un espejo;
Somos el temor a un riesgo aún no cometido…;
Aquí, al otro lado del espejo, estamos enclaustrados en un toque de queda;
Acurrucados en una esquina que nos sacude;
Temerosos hasta de aceptar nuestra reverberación;
Lacerados por la disyuntiva de atravesar o no el retrato invertido;
Imaginando que en el camino podríamos perder la cordura asumida;
Y cada vez que nuestros dedos se rozan no puedo evitar sentir un amanecer;
Una soledad gratificante, sentir (mares):
Que logré despojarme por un instante de mi mismo y de ésta ficción;
Que al menos por un día mi espíritu fue libre de las cadenas arcaicas.
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