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Inicio / Cuenteros Locales / ozelotl / Un disparo

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Anibal iba a la cabeza de la caravana y estaba hambriento cuando ordenó detener la caravana a mitad de la travesía, en un punto alto de la montaña. Nadie se sorprendía ya de sus repentinos desplantes de angustia, marca imborrable del perseguido. Supusieron que cambiaría de coche y seguirían el camino rumbo al siguiente caserío, y luego al siguiente, y al siguiente, como había sido hasta entonces su destino de seguidores del perseguido, trashumantes obligados por nadie a desgastarse las suelas y los años en un peregrinaje absurdo hacia ningún sitio. Todos se asombraron cuando pidió a sus acompañantes se pasaran a otro vehículo y siguieran el camino.
No dió explicaciones, ni despedidas, ya solo, plantado sobre el camino, Anibal sintió cómo la brisa le enmarañaba el pelo y la barba, larga, y áspera. Su vista está clavada en algún punto alejado en el espacio mientras recuerda un atardecer menos espléndido, y más lleno de presagios que éste que llena sus desgastados ojos.
Recuerda un hombre muerto y la sensación única, placentera, vertiginosa, deificante, del disparo. Siente de nuevo el estremecimiento -un orgasmo frío- compartido entre su mano y el revólver, la bala saliendo por el cañón, a prisa, como un rayo jibarizado, y chocando, penetrando -preciso- en el pecho del otro, pero no recuerda esa mirada, no la atónita del reciente muerto de aquella hora, otra, pequeña, y ya desde entonces, dura, reluciente de odio.
Estuvo mirando el mismo lejano punto y repetidas veces evocando el viejo crimen, fantasma del perseguidor, hasta que apenas se vislumbraba un hilo de luz en el horizonte.
La caravana estaba ya lejos con sus pasajeros, prófugos todavía de un enemigo sin rostro, imaginario, heredado por el hombre que acababan de dejar en el camino, mirando el paisaje.
Nadie vió su cuerpo doblarse sobre el pasto bullente de hormigas. Nadie escuchó, en el silencio aislado de la montaña el disparo, veloz, rotundo, que le reventó el cráneo, quizá exceptuando a ese pequeño -verdugo aliviado- y hombre ya cuando arribara la noche.

Texto agregado el 10-01-2008, y leído por 27 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2008-01-12 16:47:49 Es una verdadera sorpresa leerle en narrativa tan clara y bien estructurada. Me quedo con un excelente sabor de boca. Ruah
2008-01-10 22:02:48 Buena historia, bien narrada, con un estilo limpio y atrayente. Salú. leobrizuela
2008-01-10 20:58:37 Que buen texto. Tiene usted un encanto único para hilar las ideas una tras otra sin dejar que el lector pierda el camino. Felicitaciones. juan-selva
 
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