Mintió, no le había creído. Me llamó para saber si yo tenía alguna noticia, no tenía como confirmarlo desde su trabajo.
—Hola ¿cómo estás? Te llamo para felicitarte y darte las gracias…
—Estoy bien, gracias. ¿Felicitarme? ¿Por qué?
—Eres el primer finalista del concurso de cuentos del que me habías hablado...
—¡Fantástico! ¡Muchas gracias! No tenía ni idea, estoy sin conexión y con mucho trabajo. No he podido salir a revisar los resultados…
—Sí, es maravilloso. Es muy bueno tu cuento, te mereces el premio.
—Gracias, pero ¿por qué también me agradeces?
—¡Ah! Es que mi novia ganó el primer lugar y los diez mil euros…
Corté la llamada sin despedirme y, por enésima vez en mi vida, deseé tener una máquina del tiempo. |