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Inicio / Cuenteros Locales / papagayo_desplumao / Nunca te fíes de una estrella de Hollywood

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Estoy un poco disgustado. Es por Natalie Portman. Yo creo que le molo, pero desde la noche que salimos juntos no me hace ni caso. Joder, si nos lo pasamos de puta madre.
En la productora siempre estábamos juntos, porque yo estaba bastante desocupao y ella siempre me buscaba para hacerse un cigarrito. Era mucho más simpática de lo que había imaginado. Un día me dice que por qué no nos íbamos de marcha por Madrid, a algún sitio «typical Spanish». Cuando se lo conté al Nacho, me dijo: «¡Te está pidiendo el mazapán!» Es que Nacho habla como un personaje de Los Serrano. Y yo, hombre, el mazapán, el mazapán..., pero en el fondo pensaba, hostia, igual sí. ¿Por qué entonces tanto interés y ahora tan poco? Con lo guay que fue la noche.
Bueno, al principio no lo fue tanto porque quería llevármela a La Latina pero me confundí y le dije Lavapiés y las dos horas que nos tiramos andando por aquellos callejones oscuros fueron un poco cortada de rollo. Unos negros nos ofrecieron drogas. Yo me compré quince euros de costo y unas setas alucinógenas, que no me hicieron nada, para mí que eran champiñones. Le dije que en ese barrio vivían los terroristas islámicos del 11M. No sé si debería habérselo dicho, porque la tía puso cara de acojoná y me contó que su cuñado había muerto en las torres gemelas.
Pero la pateada valió la pena porque al final encontramos ¡una taberna taurina, nada menos! ¿No querías «typical Spanish»? Pues toma dos tazas. La dueña era una señora gorda y desdentada con bigote, supersalá, que nos sirvió un tintorro de esos que recuerdas durante una semana. Igual fue el vino que no le gustó o que le dieron asco las cucarachas que correteaban por las mesas, porque no creo que se diera cuenta de que las «special crisps» que estuvo comiendo toda la noche eran cortezas de cerdo, ¿qué puedes darle a una vegetariana en una taberna taurina? En sus mejillas pronto aparecieron unos coloretes preciosos. Le conté chistes del Chiquito traducidos al inglés, no veas cómo se reía. Pero enseguida pasaba de la risa al llanto y me contó no sé qué paranoias de que no debería haber aceptado la película y qué desgraciada que era. Y luego me dijo que de pequeña su padre abusaba de ella, y yo pensé, ostia, esto no me lo cuentes. Y en eso que entraron unos abuelos en el bar y se pusieron a tocar sevillanas. Nos dio el subidón y nos pedimos otra botella de vino. Y entonces la Portman me abrazó y me plantó un beso enorme en la mejilla. Qué guay, los abuelos se sabían todo el repertorio de María del Monte. La Portman dando palmas como una loca, era bastante arítmica. Entonces me dio por traducirle lo de «no me gusta que a los toros te pongas la minifalda» y la tía se me dijo los españoles éramos todos unos machistas. Yo le dije que se callara la boca, que no tenía ni puta idea de sevillanas. Pero la cosa remontó cuando la dueña del bar se vino a bailar y empezó a dar unos zapateados tremendos. Aquello era un espectáculo apocalíptico, a esa mujer se le salía el arte por todos los laos y los michelines también. La llamaban La Pajillas —«the little wankers», le dije a la Portman— y estaba claro que en aquel bar despertaba pasiones. «¡Olé, Pajillas! ¡Vaya arte! ¡Vaya culo!», gritaban los abuelos. Entre el club de fans de La Pajillas también fue despertándose cierto interés por la figura de Natalie Portman y no era un interés cinéfilo precisamente. Los abuelos empezaron a darle la tabarra, algunos le tiraban los tejos, otros le metían mano directamente. Yo empezaba a incomodarme. Le propuse que nos fuéramos y ella aceptó encantada. La acompañé hasta el taxi, como el caballero que soy, y comprendí que ese era el momento, ahora o nunca, así que me lancé al morro. Pero Natalie no quiso que me fuera al hotel con ella porque era muy tarde y al día siguiente tenía que practicar esgrima.
Desde entonces está superfría, yo no sé qué mosca le ha picado. A lo mejor es que no le gustó la noche española. A lo mejor lo que quería era comer en un chino, vete tú a saber.
Susana me decía que no le diera más vueltas, que las estrellas de Hollywood eran así. A veces se hacen las personas normales, pero no te engañes, es una pose. En el fondo sólo les interesa la gente de su clase, actores, famosos, artistas, el resto somos chusma para ellos. ¿No te das cuenta de que no te hace caso desde que han llegado los otros actores? Si le está haciendo ojillos a Juan Diego Botto. Lo que no verá una peluquera...
No sé por qué me decía eso Susana. ¿Cómo podía gustarle el petardo de Juan Diego Botto? A mí la que me parece que me está haciendo ojillos es Susana. Pues lo tiene listo conmigo. Que sí, que es muy guapa y divertida y lista y cariñosa y nos entendemos muy bien, pero no sé... meritoria de peluquería. Cómo explicárselo, es que después de salir con una estrella de Hollywood el resto de las mujeres ya no me dice nada.

Texto agregado el 12-01-2008, y leído por 241 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2008-01-14 09:57:05 jajajaj me gusta más este final, sí. onanista_por_palabras
2008-01-14 08:55:31 jaja, ozú que imaginación... ojosdegata
 
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