Una mañana clara de verano te vi partir, te fuiste solo- como un perro que perdió a su amo, nunca volviste a mirar, solo marcheste a la línea más oscura del horizonte, y tu figura se la comió el atardecer fulgurante, como si fuera hoy- recuerdo aquel instante tan especial en tu vida y la mía.
Fuimos el uno para el otro, - desandando mil senderos, junto a la lluvia anduvimos unidos como dos siameses, con un nudo de frente y otro detrás como si fuéramos una sola persona.
Duro lo que dura la picadura de un mosquito,- nada- solo una roja mancha, que se extendió por un tiempo record de picadura, luego con la ceniza del pucho se fue borrando sin dejar huellas.
Hoy miro el horizonte y veo una figura surgir lejana y polvorienta, me siento en la vereda del árbol donde dejamos unos arañazos, y chispeo que tu paso es lento como la tortuga que va hacia al mar, me pregunto,- ¿que será que te impulsa el regreso?.
Sigo apostada sin peder ni un segundo,- tu alambrada figura que se acerca.
No se si levantarme para hacerte un movimiento de palmas o salir a tu encuentro.
Pero mi decisión es temeraria, recobro mi postura,- entro a la casa- tomo mi onda y la cargo con mi coletero de bronce.
MARÍA DEL ROSARIO ALESSANDRINI
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