El Príncipe Sapo
-Hola Poeta.
-Hola Mar.
-Que pasa Poeta, hoy no vienes por mis historias?
-No Mar, pasa que estoy preocupado.
-A ver, cuéntame, que problema tienes.
-Es que temo haber ofendido a una Princesa.
-¿Que ofendiste a una Princesa? Mira Poeta, sé de cabezas que han rodado por ese motivo; ¡Como! que ofendiste a una Princesa..
-Creo haberla tratado de sapo.
-¡Que trataste de sapo a una Princesa!... ¡Ah! bueno, amigo Poeta, entonces sí, creo que estas en problemas ¿Cómo fue ese incidente?
-Le quise decir un piropo.
-Le quisiste decir un piropo, decirle sapo a una Princesa, me parece es irse un poco al carajo ¿No te parece?
-Le dije que por un beso suyo, la sacaría de su laguna para convertirla en mi reina, luego recordé la fábula del Príncipe Sapo y ahí me parece que metí la pata ¡Ayúdame Mar! Tú que eres sabio dime que hacer con esto.
-Mira poeta, es verdad; Te has equivocado,según la leyenda, la Princesa es la que le da el beso al sapo en su pantano y lo convierte, una cosa así, ahora, te diré algo, esa Princesa, ir a un pantano, para darle un beso a un sapo, o estaba muy de copas o se había fumado algo, en cuanto ayudarte no creo poder hacerlo, pídeme como tantas veces, historias de amor para tus poemas, historias de batallas y bucaneros para tus cuentos, de islas encantadas, de ninfas enamoradas o de mi Dios Neptuno, pero ¡No! que trate con ¡SAPOS! A lo mejor esta Princesa ni cuenta se dio.
-Te entiendo Mar, veré como arreglo, ahora tengo otra preocupación.
-Que te pasa ahora
-Una joven.
-¡Que! También la trataste de sapo?
-No, se pinta la uñas.
-¡Y!...todas las jóvenes lo hacen.
-Es que ella se las pinta de rojo fuego
-Bueno, un detalle muy seductor, y Tú como lo sabes.
-Ella me lo contó.
-Poeta, te aconsejo tomes un descanso, dime donde vive esa joven y veré que hacer con ella…
-Mar, te conozco, no me gustaría te aproveches de ella, es una chica buena.
- Ya ya ya…Me has aburrido con tus chicas y tu sapos ahora te estoy dejando Poeta, esta llegando la Luna y esta llenita como a mi me gusta, nos vemos otro día.
Macacay
|