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La barda

La Barda

--¡No he podido dormir desde hace un buen tiempo!, en serio. — su voz temblaba al hablar; las manos frotaba entre si y su cara era tan pálida como la cera. Se levantó cuando vio entrar a Martín.
-- ¡te juro que siento que no aguanto!— el sudor recorría su rostro en finos hilos brillantes para después manchar el cuello de la camisa.
-- Calma, Javier. Por favor tranquilo— tenía años de conocerlo; su amistad había perseverado a pesar del tiempo y la distancia que los separaba en sus distintas profesiones. Aún así, el lazo era fuerte.
Javier lo llamó esa mañana y casi le suplicó que aceptara desayunar con él en el “fogón del Tío”. Hacía mas de dos años que no lo veía, pero por la forma en que se lo dijo debía ser algo muy importante, así que prefirió citarlo en su consultorio. Y no se había equivocado. La persona que estaba sentado en el sillón era una copia maltrecha del Javier que traía en la cabeza: descuido en su vestimenta, delgadez extrema y círculos oscuros y profundos remataban la parte inferior de sus ojos.
--¿Que pasó mi hermano?—Martín lo abrazó con afecto.
-- Eres el único que podría escuchar lo que tengo y necesito decir—
Se soltaron. Martín lo invitó a sentarse mientras hacia lo mismo del otro lado del escritorio.
--¿No te importa si voy al grano, Mart?
-- Para nada, adelante.
-- Tu sabes que soy una persona responsable, amo mi profesión y a mis hijos aunque en este momento no estén conmigo ya que me separé de Lorena hace dos meses; no se si ya te enteraste, pero así fue. —se pasó un dedo por la ceja pensativo.
-- Hace el mismo tiempo que llevo de separación llegó a mi oficina el representante de una empresa Irlandesa llamada “Lpusa”, no me preguntes que carajos quieres decir porque no lo se. Me ofreció hacer un estudio de vivienda en la zona noreste de la ciudad para ver la posibilidad de invertir en la construcción de uno o más fraccionamientos de diverso nivel socioeconómico; como ves, suena bastante atractivo. Yo estuve insistiendo mucho para que se diera esa oportunidad. Me dieron cierto tiempo para entregar anteproyecto y todo un rollo pero en estas últimas dos semanas he sentido una desconfianza atroz acerca de mi capacidad; mi mente vaga con facilidad y me cuesta mucho esfuerzo concentrarme en algo— guardó silencio un momento con la mirada perdida en un punto lejano detrás de Martín.
-- He tenido un sueño espantoso estos últimos días. Al principio no recordaba nada de él cuando despertaba, se desvanecía y solo quedaba incertidumbre y sudor; como un presentimiento de que algo te va a suceder o de que te acabas de salvar de algo muy grueso, no se, era un sentimiento paranoico. Después, se tornó más nítido; aun cuando despierto puedo sentir angustia y desesperación. He llegado a pensar que se ha vuelto una desasociación de mi cerebro con la realidad, ya que ahora tengo el mismo sueño cada vez que cierro los ojos a cualquier hora del día. —se reacomoda en el sillón e inclina el cuerpo hacia el frente colocando las manos sobre el escritorio.
--¿Esta grueso, no?—
Martín lo observa serio y lo invita a proseguir con una inclinación de cabeza.
--En el sueño, por así decirlo, estoy sentado en un sillón como este, dentro de una estancia como esta. —hace una pausa para lanzar una mirada alrededor—viendo el televisor en un canal en el cual se ve solo estática. Esta oscuro y me llega un leve tufo a podrido, quizá un pedazo de carne echado a perder. La luz del televisor alumbra la pared que esta mi espalda proyectando mi sombra sobre de ella: una mitad esta en el techo y la otra sobre el muro. EL piso es como este—señala hacia abajo con un índice tembloroso—“una loseta negra y una clara”—lo repitió como si fuera la lección del día que ya supiera y la maestra lo obligara a decirla.
--Percibo un ruido, volteo. Tú sabes que en los sueños no se oye, no se habla, solo se perciben las cosas, ¿Cómo?, sepa la bola. Vuelvo la cabeza hacia la derecha y me topo de frente con su rostro, ¡es dantesco!; esta cruzado por infinidad de cicatrices rojas e hinchadas; los ojos son saltones, parecen de sapo llenos de cataratas o algo así porque se ven de un blanco lechoso; no tiene nariz, se le ve el hueso y los dos orificios húmedos por donde respira con dificultad. De su boca escurre baba espesa, de perro rabioso; le escurre por los colmillos que sobresalen de su labio superior—cierra los ojos y trata de dominar el incipiente terror que le ocasiona recordar.
--Lo siento tan cerca de mí, tan intensa su mirada. De pronto, levanta una mano con grandes uñas negras y brillantes; trata de tomarme por el cuello pero reacciono a tiempo y me paro como impulsado por un resorte. Corro a toda prisa atravesando la estancia como sumergido en un ambiente acuático, hasta que logro llegar a la puerta. La abro y me encuentro ante un pasillo largo, con infinidad de puertas a los costados, iluminado por pequeñas lámparas que cuelgan de las paredes a lado de cada entrada. No dimensiono el corredor ya que la luz me lastima los ojos.
Empiezo a caminar con precaución, midiendo mis pasos. Llego a ala primera puerta y la abro de un tirón, ¡nada, ¿puedes creerlo?, ¡nada!, solo oscuridad y frío. Me atemoriza esa sensación de vacío y cierro. Sigo recorriendo ese estrecho esperando divisar algún final. Escucho ruidos, algo se acerca a mí. De repente, la puerta del cuarto por donde salí, explota en varios pedazos y aparece en el umbral aquella cosa horrible. Inicio una frenética carrera al ver que aquello se abalanza sobre mí. Corro como desesperado por el pasillo escuchando detrás sus pesadas zancadas y lobunos gruñidos tratando de darme alcance, echarme el guante, hacerme quien sabe que tantas cosas espantosas—suda al hablar y mantiene los ojos cerrador tratando de hacerse entender con una mímica locuaz.
--Siento que me va a agarrar pero en eso veo un final, ¡si!, ¡el final del corredor! Una barda vieja se irgue delante de mí tapando mi escape. ¡No puede ser!, llego hasta ella y comienzo a trepar arañando la superficie, tratando de encontrar algún punto de apoyo. Lo siento tan cerca. Casi me respira en la nuca. En un esfuerzo supremo obtengo la cima a tiempo. El fiero ser se estrella contra ella e intenta con zarpazos veloces, atraerme hacia él. ¡Gracias a Dios no estoy a su alcance! Gruñe y bufa. Creo que sabe que esta vez y una vez más he escapado de su mortal cercanía. Me paro sobre la barda y giro, dándole la espalda. Me aviento al lado contrario. No se donde caeré pero mi raciocinio me susurra que es una situación mucho mas tranquila que esa. La caída dura apenas unos segundos. Cierro los ojos, no siento nada. Los vuelvo a abrir y estoy sentado en el sillón, dentro de la misma habitación con el televisor encendido y todo vuelve a empezar hasta que logro, en una de tantas repeticiones, despertarme.__
Al terminar de hablar se dio cuenta que estaba una tanto agotado; sentía que un gran peso le era retirado del cerebro. La garganta la tenía seca, rasposa y la necesidad de ir al sanitario era imperiosa.
Miró a Martín sentado con el sillón girado hacia la derecha revisando unos apuntes.
__Voy al baño__ no obtuvo respuesta y decidió pararse e ir.
Un corredor estrecho apareció del otro lado de la puerta; la iluminación era tenue, casi nula. Innumerables entradas flanqueaban el pasillo a todo lo largo; el piso tenía losetas intercaladas… una blanca y una oscura… en un rincón del subconsciente escuchó estas palabras. Su vista no alcanzaba el final; ¿para que lo quería ver? Si ya sabía a donde llegaba. El corazón le martilleó con fuerza en el pecho y las ondas de choque le llegaron hasta la base de l a nuca. Los vellos de los brazos se erizaron y le recorrió por la espalda un dedo de hielo.
Cerró la puerta y se encontró de frente con el corredor. Ruidos familiares se escucharon en la habitación de donde había salido. Gruñidos roncos. Estaba reuniendo fuerza para ir por él; esa cosa espantosa se estaba preparando para la embestida final. Algo en su mente se lo advertía casi a gritos.
Comenzó a caminar; las piernas eran bloques de concreto que con cada paso casi podía ver como el piso se resquebrajaba. Sudando, como no recordaba haberlo hecho desde sus años como beisbolista amateur, dio alcance a la primera puerta que se erguía silenciosa y estoica en su muro. Un atisbo de esperanza le rondó cerca del corazón. La abrió de golpe y… ¡Nada!... solo un vació sobrecogedor que le hizo cerrarla de inmediato.
Se recargó en ella y contuvo la respiración. Giró la cabeza a su izquierda y miró pedazos de madera en el piso. La puerta de la habitación donde se suponía estaría esperándolo Martín ya no estaba; yacía hecha destruida en gajos sobre las losetas.
… ¡No puede ser!... A primera vista no divisaba a nadie cerca. Un poco más allá estaba las escaleras por donde hace unos minutos él había entrado a la clínica. Pero no eran seguras; esa cosa estaría escondido en algún recoveco oscuro esperando con ansiedad que bajé por ellas. Decidió encaminarse al interior del pasillo por donde tantas veces, en sus recurrentes sueños, había realizado la hazaña de escabullirse de “aquello” y en el estado alterado que se sentía, no pensó ninguna otra opción.
Unos metros adelante lo detuvo una reja de piso a techo que abarcaba de pared a pared con una parte corrediza al centro. La atravesó sin dificultad y la volvió a cerrar. En el piso vio un pequeño candado abierto y poco oxidado. Lo recogió y sin ser dueño absoluto de sus actos lo colocó en el arillo de metal de la reja. Resonó un “click” en todo el corredor.
… ¡Idiota que soy!... ¿Qué hice?... si “aquello” había tomado su misma ruta estaba en serias dificultades. Encima de todo, encerrado sin poder regresar. Agarró los barrotes y sacudió la reja con furia.
… ¡buena la regué!...
No quedaba de otra. Seguir adelante.
Dio cinco pasos lentos aguzando sus sentidos al máximo. Escuchó algo. Provenía del techo. Alzó la vista y lo que encontró sembró sus pies en el suelo como si las suelas de sus zapatos se enraizaran por algún extraño maleficio.
“Aquello” estaba ahí. Se mantenía suspendido en el aire con las plantas de los pies apoyadas en el muro, las piernas flexionadas hacia el frente y su cadera, espalda y brazos parecían adheridos al plafón.
Incapaz de moverse observó como el monstruo se desprendía de la pared y techo y bajaba flotando al piso. Por la cercanía pudo captar sus características: “era enorme, aun cuando su cuerpo se encovaba hacia el frente como si quisiera dar un gran abrazo… ¡abrazó final!... los brazos le colgaban hasta las pantorrillas junto con unas manos largas, delgadas; con garras curvas y mugrosas. El tórax, cubierto por unos harapos, subía y bajaba con la respiración. En el cráneo pululaban finas hebras de cabello enmarañado y lo que se lograba ver del cuero cabelludo era grisáceo y daba la impresión de estarse descascarando. Los ojos se movían como un péndulo enloquecido dentro de una burbuja de baba. De su boca sobresalían puntiagudos colmillo amarillos por donde escurrían goterones de un líquido blancuzco y espeso. Lo miraba con un dejo de burla en las comisuras de una abertura viscosa que sería una boca”.
Apenas si se percató que su necesidad de ir al baño se había disipado cambiada por una leve humedad entre sus piernas que ayudó a despertar sus extremidades bloqueadas. Pensó en correr hacia el otro lado… ¡Aja! ¿Y la reja? ¡Semejante imbécil!... Se le ocurrió tratar de embestirlo como un jugador de fútbol americano… no era buena idea; casi le doblaba la altura y el peso. Solo conseguiría rebotar como si hubiera chocado contra la pared y terminar desgarrado en su enorme regazo. Tenía que ser inteligente y pensar… pensar…. Rápido porque el engendro amenazaba con ir por él en cualquier momento.
Cruzaron por su mente miles de recuerdos de su vida… ¿me iré a morir?... en pocos segundos. Recordó sus años en la universidad; como conoció a Lorena; los nacimientos de sus hijos; sus juegos de béisbol en el parque municipal… ¡Eso es!... esta situación era para un salvamento emergente; la pizarra marcaba empate, con dos “straight” y dos “out”. En el próximo batazo esperaría a que la pelota cayera en el guante del jardinero izquierdo, tocaría el cojín de tercera base y correría como enajenado hacia el “home”. Tenía que funcionar y solo tendría una oportunidad de hacerlo.
Esperó, lo vio empezar a acercarse, entonces retrocedió hasta la reja y la tocó… ¡base de tercera y a correr!...
Tenía libres para tomar vuelo cinco o seis metros antes del choque de cuerpos. Tenía que evitar tal confrontación, si no, el árbitro cantaría “fuera” y entonces al diablo con su salvamento.
Cuando ya estaba a metro y medio de distancia, casi pudo escuchar a la multitud aclamar la carrera, así que dio un pequeño brinco y estiró las piernas hacia el frente; su cuerpo por un momento quedó paralelo al piso deslizándose con energía pasando por el lado de la pierna derecha del “ente”. Un veloz zarpazo lo alcanzó en el brazo izquierdo,
Lo oyó rugir de furia.
Se incorporó al instante y prosiguió con su carrera hacia la barda. El brazo derecho le ardía porque había pasado muy cerca de la pared pero el izquierdo, aullaba desde los tres surcos ensangrentados a la altura de los bíceps, pero siguió corriendo.
Ya faltaba poco, lo podía sentir y al parecer, escapo una vez más. Sonrió mientras su confianza aminoraba la velocidad de sus piernas. Un tremendo empellón por la espalda lo lanzó de cara contra la barda que apareció de improviso. Apenas pudo cubrirse el rostro con los brazos después dar grandes zancadas para no perder el equilibrio. Quedó encuclillado recargándose en el muro.
Sabía que era un sueño, o eso pretendía su mente asegurar, aunque igual se le nubló la vista y aparecieron un sin fin de constelaciones.
Una manaza enorme lo levanto en vilo; todas las estrellas se difuminaron asustadas y apareció el fiero rostro del “ente”. Miró su cuerpo separase del suelo unos cincuenta centímetros mientras su garganta se cerraba ante la presión de unos dedos como prensas. Se ahogaría sin duda. Quiso golpear el antebrazo pétreo y solo consiguió zafarse la muñeca. Se comenzaba a asfixiar, perdió fuerza en los brazos y los dejo caer a los costados de su cuerpo. Era inútil cualquier esfuerzo. Se preguntaba si podría morir en ese sueño; si ya no iba a despertar nunca y los doctores que le hicieran la autopsia dijeran que murió a causa de un paro cardiaco o alguna explicación demasiado técnica para lo que en realidad le sucedió. Y luego Martín; ¿que iba a hacer su amigo con un cadáver en su consultorio?, ¿que iba decir?...
Concentró el último cartucho de energía que le quedaba por allá refundido en su esperanza en enfocar al “ente”. Lo observó con claridad, éste sonreía placentero al ver como la vida se le escapaba por el aliento y que su maltrecho cuerpo colgaba de su mano. Las piernas le balanceaban laxas por en medio de las de aquel ser a la altura de sus rodillas… ¡tengo una oportunidad!... Cerró los ojos y condesó su posibilidad en una idea remota.
Encogió su pierna derecha apoyándola sobre el muro y la descargó con toda su frustración contra la entrepierna de aquel brutal ser. Se oyó un chasquido acuoso y la presión contra su cuello aminoró. Regresó al piso se forma abrupta, se le doblaron las piernas y de inmediato una tos violenta hizo su aparición.
Aquella mole fétida se inclinó hacia delante, su rostro era violáceo y unas cuantas venas cafés le saltaron de la frente, se agarró la entrepierna y la tierra retumbó cuando cayó de espaldas.
El aire se le antojaba aceite al pasar por su faringe en grandes y difíciles bocanadas… ¡es ahora!... le gritaron sus músculos. Apoyándose en el muro se incorporó con dificultad; sintió vértigo igual al que experimentaba en el parque de diversiones con sus hijos después de haberse subido a varios… ¡Papá, ahora viene el mejor!...
_ Tienes razón, hijo_
Sin pensarlo demasiado, tomó impulso y se lanzó con un salto desesperado hacia la barda. Su mano derecha no se asió a nada pero la zurda alcanzó la cumbre y como una tenaza ardiendo, se fusionó al tabique final. Con las piernas trató de encontrar apoyo pareciendo un ciclista en el último tramo de su competencia. Pudo colocar las manos en el mismo lugar y jaló con su cuerpo hacia arriba; oyó como tronaban los tendones de la nuca, brazos, espalda; sintió como se le desgarraban los músculos del torso pero logró trepar por completo.
Dudó unos instantes… va a ser lo mismo de siempre… sin embargo saltó hacia una oscuridad densa creyendo que iba a rebotar en ella como un mosco en una telaraña.
_ ¡El sillón!…__ se miró sentado en la misma posición.
_ ¡El cuarto!..._ giró la cabeza escudriñando la habitación y sintiendo como se iba formando un poderoso alarido desde lo más oscuro de su angustia.
_ ¡NOOOOOO!..._ gritó y trató de manotear al ver que algo se acercaba demasiado a su rostro.
Martín lo miraba de frente. Lo mantenía sujeto de los brazos con firmeza. Se relajó un poco.
__ Te dejé dormir un rato__ hizo una pausa meditando lo siguiente_ pero creo que la regué, ¿no?__ Sacó del bolso trasero del pantalón un pañuelo y se lo ofreció.
__ G..gracias__ estaba empapado en sudor y se limpió con energía la cara como si tratara de arrancar con la tela sus temores y recuerdos. Cuando terminó, tenía enrojecida la frente y las mejillas.
__ ¿cuanto dormí? __ susurró con cansancio.
__Como quince minutos máximo__ Martín se había parado y le daba la espalda en un extremo de la habitación.
__ Volvió a suceder__ afirmó con cautela.
__ Si, casi lo podía ver en tus reflejos mientras dormías__ regresó con dos vasos con agua.
__ Y ¿Cómo ves esto?__ la pregunta salió como una exhalación.
__ Mira…__ comenzó a decir Martín mientras se acomodaba en su silla.__ Siento que has tenido una etapa difícil en tu desarrollo personal. Ya llevas mucho tiempo en este tipo de negocios; la capacidad la tienes y tu lo sabes pero, como siempre, hayan pero; te apoyabas mucho en Lorena. Ya le preguntabas como veía esto, que le parecía aquello, etc. Y fuiste creando, por decirlo de alguna forma, una dependencia de opinión o a su visto bueno, ¿me entiendes?__
Asintió de inmediato.
__ Y de pilón tus hijos, que los amas profundamente y eso me consta, ya no están contigo por un maldecido abogado y lo que tu quieras; eran apoyos y pilares de tus acciones y es lógico que te derrumbes. Existen diferentes formas de exteriorizarlo: a algunos se les agria el carácter hasta ser muy antisociales, otros al revés, se vuelven demasiado “Light”; otros se vuelven esclavos de su trabajo, etc.…. no se, hay tantas formas de taparle el ojo al macho, como dicen por ahí. A ti Javier, se te ha presentado de esta forma; como un adefesio traído de ultratumba que busca de cualquier forma atraparte… ¿para que?... aún no lo sabes pero lo intuye tu subconsciente y trata de escapar por todos lo medios posibles y no caer en las garras de la autocompasión y la depresión, o de laguna droga. __ Se acercó con lentitud a su rostro.
__ Ya no huyas__ dijo en voz baja pero firme__ en serio Javier, ya no le corras__ Le hablaba en tono muy confidencial, como si tratara de hacerse escuchar en su interior, dirigiéndose al temple mas que a la materia en si.
__ ¡Enfréntalo!, encáralo, lucha contra él, que no te intimide Javier. Golpéalo con todas tus fuerzas y gana esa guerra a ti mismo y a la barrera que tus miedos construyeron al final del pasillo__ Se recargó en el respaldo del asiento y continuó.
__Si te ganan, Javier, la vas a pasar mal escondiéndote en tu autocompasión y complejos que esta situación trae consigo. Así que… saca a ese gran hombre que tienes ahí y deja que tome el control de la situación. Ten los huevos suficientes para no dejarte vencer…

Javier salió del consultorio de Martín sintiéndose como tenía mucho tiempo que no se sentía: “Excelente”.
Una sonrisa de plena satisfacción le cubría en su totalidad el rostro y esa misma la experimentaba en el cuerpo como oleadas de calor y vitalidad.
Cerró l puerta tras de si y se encontró frente a un pasillo angosto, mal iluminado. Avanzó tres pasos y vislumbró la longitud del mismo… puertas a los costados… susurró su mente y el corazón dio un pequeño respingo en su madriguera de huesos.
Pero ahora estaba seguro. Por vez primera, no sabía cuanto tiempo había transcurrido desde la última vez, pero su seguridad era una pétrea coraza en todos sus sentidos.
Escuchó gruñidos tenues en la habitación de donde había salido hacia unos instantes… ¿hace cuanto?... no lo recordaba con exactitud pero no importaba.
La puerta vibraba en sus bisagras. Su corazón recuperó su ritmo normal. Estaba seguro… ya no tenía miedo y no lo volvería a dejar establecerse en él; eso lo daba por asentado.
Dio media vuelta y se encamino hacia la puerta…
__ Aquí estoy…__ dijo en voz alta y no le sorprendió la tranquilidad con la que abrió de un solo tirón…


Texto de gheno agregado el 13-01-2008.
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