No me conformo
las cuatro letras de mi nombre
son insuficientes para llenar de plomo
la boca de la noche
su resonancia tiene la irrelevante elegancia de un grito ahogándose en las comisuras de la garganta
-apenas alcanza a cubrir una nada de tiempo-
Nombrarme es gastar saliva por nada,
mi nombre es un gemido,
casi una onomatopeya cuando brota,
por eso tengo sobrenombres. |