Me llegan hoy todas las voces
de los niños desaparecidos,
escondidos en cuartos oscuros,
vendidos,
enterrados,
humillados;
niños abandonados al innato terror de la muerte,
niños que vocean desesperados
como cigarras desangradas.
Esas voces agudas
quieren rasgar el silencio
impoluto de la luna:
voces pisadas,
dolor ignorado,
temblor de la tierra.
¿Quién os salvará?
pequeños, perdidos, hermanos.
Vuestros gritos, ¿cómo es posible?,
rebotando y golpeándoos
en el mismo llanto de vuestras mejillas.
¿Quién os oirá?, ¿dónde estáis?, ¿quién me dice
por qué nadie sabe de vuestra aciaga noche?
¿Por qué os escogió a vosotros la maldad?
paso tierno, pies recién hechos para ser llevados...
por otro camino, Dios, por otro camino...
¿Quién os conducirá de nuevo a vuestra risa sin
[precio?
¿Quién colocó en este suelo, bajo el mismo sol que
[yo respiro,
piedras tan amargas?
Niños, queridos, hermanos, piel nueva arrancada a
[mi misma piel,
os juro
que una mano sagrada besará vuestra sangre,
una mano grande borrará las huellas acres que os
[dejaron,
una mano infinita agarrará las vuestras, y os llevará
lejos, lejos...
muy lejos,
donde un amor mullido de plumas dulcísimas
vendará con luz y más luz
vuestras heridas.
(Dedicado a los miles de niños desaparecidos, secuestrados, violados y horriblemente torturados; problema gravísimo ocultado por los poderes de la tierra.)
|