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Inicio / Cuenteros Locales / Desouls / Aquella Noche

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Desde aquella fecha, desde aquella noche, la vida de Roberto no fue igual, lo recuerdo como si fue ayer. Roberto entró a su casa muy alterado, sumamente nervioso y lleno de barro, los ojos los tenía exaltados y poco parpadeaba, sus manos temblorosas sirvieron en un pequeño vaso un licor seco que tenía, y debido al mal pulso, era más lo que derramaba sobre el suelo que lo que se servía en el vaso. Fue al baño a lavarse las manos y la cara, se miró por horas en el espejo, y con el puño cerrado golpeaba la pared mientras aun miraba su propio reflejo.

Se cambió de ropa, y la que se había quitado la sacó al patio y la echó en un viejo barril de hierro que tenia, la llenó de combustible y la quemó para así borrar cualquier evidencia, luego entró de nuevo a la casa, y tomó más licor. Buscó unas pastillas para poder calmar sus nervios y así poder dormir. Al parecer las pastillas de nada servían porque el sol lo sorprendió despierto, despierto mirando el techo de su habitación mientras pensaba, era sábado y no tenia que trabajar, eso lo hizo sentir un tanto aliviado.

Cada vez que cerraba los ojos veía en su mente las imágenes de aquel hecho una y otra vez, creando así una especie de ciclo macabro, un ciclo sádico, una película de una hora que al culminar comenzaba de nuevo haciéndose perpetua.

Así fue pasando el tiempo en la vida de Roberto, y así se acostumbró a vivirla, aunque no fue el mismo, se hizo amargado, se hizo nervioso, se hizo paranoico. En la calle nunca se sintió tranquilo, siempre miraba a todos lados con rápidos movimientos de cabeza para cerciorarse de que nadie le seguía, evitaba siempre toparse con algún funcionario de la policía. Él tenía algo que ocultar.

Poco a poco a lo largo de unos meses se fue alejando de todos los que lo rodeaban y evitaba salir de su casa, solo lo hacía cuando era necesario en casos extremos, y claro, salía a trabajar. Siempre se mantuvo oculto en su casa, siempre con las cortinas y persianas cerradas, su ambiente se tornó muy oscuro, y vivía acosado por el recuerdo de aquella fatídica noche.

Los pocos amigos que le quedaban se preocupaban por él, ya que sabían que Roberto no estaba nada bien, desde que su esposa lo había dejado. Y aunque Roberto mantenía contacto telefónico con ellos, siempre evitaba tener que verlos, y menos los recibía en su casa.

Su casa a pesar de estar oscura todo el tiempo, estaba limpia y ordenada, todo en su lugar, la cocina pulcra, ya que poco la usaba, generalmente compraba comida cuando se regresaba del trabajo, y los días festivos pedía algo por teléfono, así evitaba tener que salir, y no tendría que someterse a esas horribles paranoias de las que él era victima.

El mundo de Roberto se fue reduciendo de tal manera que todo comenzó a salirle mal, tenía descuidos en el trabajo, estaba olvidadizo y no pagaba sus cuentas, y recibía llamadas telefónicas de gente cobrándole cuentas, tenía problemas con algunos de sus vecinos y su carácter se hacía cada vez mas irritable, comenzó a perder la paciencia, y se hizo mas callado aun.

Cada vez más le costaba salir a la calle y caminar con la frente en alto, siempre con la mirada al suelo, siempre de brazos cruzados, siempre con las manos dentro de los bolsillos.

Era la imagen danzante del perdedor, del hombre descuidado, del hombre que siempre daba un mal aspecto, aunque estuviese con ropas decentes, era como dice una canción, Roberto estaba en la tranquilidad del desesperado.

Y así comenzaba a acercarse la fecha aniversaria de aquella noche, y fríos vientos soplaban la casa, y densas neblinas la borraban dando así un aspecto tenebroso, se escuchaban dentro de ella ruidos que antes no estaban, el ambiente de la casa se comenzó a sentir incómodo y pesado, a Roberto ya le empezaba a aturdir aun mas esa situación, y muchas veces se encerraba en un closet a gritar desesperado mientras se halaba el cabello y se apretaba la cara.

Sentía como si hubiese una presencia sobrenatural dentro de su hogar, haciéndole así pequeño el lugar, y solo en ese closet se sentía un poco mas tranquilo en cuanto a esas fuerzas externas que lo perturbaban y lo asombraban. Ya que internamente era presa de los recuerdos de aquella noche, y era un torbellino nervioso y paranoico.

Faltaban escasos días para que llegara de nuevo la noche de aquel 14 de septiembre en la que Roberto había cometido algo que ya no podía soportar en su espíritu. Y eso lo desesperaba aun mas, ya por su mente rondaba el fantasma del suicidio, pero solo lo pensaba y no era capaz de atentar contra su propia vida. Aunque sentía en esa horripilante atmósfera que su vida se le iba, y se le iba con el ritmo de cada latido de su corazón, corazón presa del fúnebre terror que el solo percibía, y que él solo respiraba.

Los días pasaban y Roberto que ya tenía varias noches sin dormir, y sin comer nada se encontraba debilitado, y tirado en el suelo de su habitación, ese era uno de los lugares mas fríos y sombríos de la casa, entonces se puso en pié y se dirigió al baño para mirarse al espejo, tenía los ojos enrojecidos por el mal vivir, y sentía nauseas, parecía que vomitaría su propio estómago, luego se lavó la cara y seguía analizándose frente al espejo.

Fue a la cocina como pudo y tomó algo de agua, luego se retiró a su habitación de nuevo donde permaneció inmóvil, y aprentando los dientes produciendo un incómodo chillido, y así estuvo hasta que el cansancio de las noches pasadas le pasaron factura, y así solo y desesperado se durmió.

Al fin llegó la noche en la que se cumpliría un año de aquella horrible noche, de aquel viernes 14 de septiembre, en la que Roberto perdió su vida por no medir ni controlar su ira, y él la esperaba despierto presa del pánico, ya que esa noche su mente esclava de aquel oscuro recuerdo lo afrontaría y le haría vivir terriblemente ese hecho.

La casa en tinieblas parecía abandonada, pero Roberto estaba dentro de ella, en esta oportunidad estaba bebiendo licor seco, directo de la botella, llevaba mas de la mitad, y entonces a pesar de que su cuerpo estaba caliente, se sentía un frío casi polar dentro de la estancia, y él estaba de piernas recogidas sobre el sofá con la cabeza entre las rodillas, y los brazos abrazando sus muslos, al verlo parecía un niño castigado, y de hecho era así, estaba siendo castigado por su mente, él solo quería aislarse, pero al hacerlo se hundía aun mas, mucho mas.

Entonces el ambiente de la casa se hizo pesado de nuevo, más de lo que ya estaba, y el frío mas aun se intensificó, y entonces Roberto asustado por el horrible silencio se levantó y cuando menos lo esperaba sintió que ante él había alguien, estaba frente a el su esposa que se había ido exactamente un año atrás, y el temblando de pavor estático se quedó, parecía una estatua, mientras que su esposa caminaba mirando la casa, que en tinieblas estaba, el frío se agudizaba, y mientras Roberto respiraba se podía ver el vapor que salía de su nariz y boca.

Sus dientes temblaban, ya no sabía si era debido al terror o al frío, y entonces la figura de su esposa vagaba por la casa, y él no sabía que hacer, si gritar, huir, o hablarle, entonces cuando pudo moverse y se volteó la tenía de frente nuevamente, y Roberto gritó de miedo, y de impotencia, gritó con todas sus fuerzas, y el grito invadió cada rincón de la casa, y también salió de ella perdiéndose así lejanamente en la oscuridad de aquella horrible noche.

Entonces unos truenos se comenzaron a escuchar de manera absoluta, y los relámpagos reflejaban el tono pálido de la cara de su esposa que había regresado, y la brisa comenzó a silbar, y las cortinas y persianas sonaban y se movían golpeándose contra las ventanas, el silbido del viento se hizo agudo y espeluznante, y comenzó a llover de manera torrencial, y las gotas de agua se estrellaban contra los vidrios haciendo gran estruendo y Roberto sintió como se quebraba definitivamente, sus piernas temblaban y sintió una humedad caliente, se había orinado del pavor que tenía, e inmóvil se quedó sobre el charco mirándolo, y fue entonces cuando su esposa, de rostro pálido y ropas desgastadas le dirigió la palabra diciéndole:

- No te asustes, solo vine a ver como estaban las cosas. ¡Pero cálmate!, ¡no tienes que gritar!, tu me conoces bien, ah… ya entiendo, te he caído por sorpresa, pero tranquilo no tardaré mucho. Oye te veo bastante demacrado, veo que el tiempo te ha estado afectando, aunque no ha sido tan largo tampoco.

Y la voz de aquella mujer penetró la cabeza de Roberto dejándolo en estado de shock, Roberto apretaba los dientes y los puños con todas sus fuerzas, y se encogía de hombros mientras de nuevo la voz de su esposa se hizo sentir en la casa a pesar de la tormenta:

- Solo vine decirte que te perdono todo, incluso la última cosa que me hiciste. Pero también debes saber que desde hoy todas las noches vendré a visitarte. Para ver hasta donde puede aguantar la cordura de un hombre. Ahora soy eterna, tú me hiciste eterna.

E.J.L.H.

Texto agregado el 14-01-2008, y leído por 110 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2008-01-26 13:05:26 Crónica roja con tinte sobrenatural. Estás para periodista de diario caribeño o consultor creativo de Arjona. anatolys olonitsin
2008-01-20 18:15:39 muy bueno.. el parrafo fila. de que dice: dialogo d euna muera con su asesino, me parece esta de más.. pero al final, una gran historia ***** christian _arters
2008-01-14 22:44:37 Muy buen trabajo. Con mucho suspenso y describe lo que se siente al tener una gran carga en la conciencia. Mis 5* cerrense
2008-01-14 21:04:23 pobre Roberto, se volvió esquizofrénico. Y pintas de alguna manera cercana a la realidad esa transformación, aunque resulta por demás plana. Buen esfuerzo que amerita una visita al peluquero. marxtuein
 
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