Tengo un dolor en el alma
tan intenso y tan profundo,
tan silencioso...,
que el mismo silencio
se hace dueño de mis horas lentas,
y soy del silencio esclava sedienta
por palabras dulces,
canciones románticas
y caricias verdaderas.
Al llegar las sombras
el silencio invade recuerdos amados,
existenciales tiempos
y un futuro envolviendo el alma
que se esconde en la triste tibieza
de una lágrima que acapara el diluvio
de mi llanto,
mi paz, mi encanto, y mi cielo.
Un mundo de dolor
entre los puntos cardinales
desde que nace el sol
hasta llegar a su aposento
pintado de rojizos y dorados,
para transcurrir del día
otros momentos. Su noche aparente.
Y yo,
dolor del alma en las palabras,
infinito sueño como un capricho
sediento de amor y vestido de recuerdos.
Y yo, transparente y libre.
Y se van los años
resucitando el tiempo
invertido en pensamientos,
y agoniza el sueño
en el fantástico delirio
de un lejano enamorado.
La espera y el alma,
intransigente soledad
de la imprevista aventura
de una existencia ocurrente,
y como la vida es sueño
y los sueños mueren y renacen
en la tisura del silencio,
la esperanza me impone trascendencia
y resucito como un deseo
en la fe imponente de mi credo.
La tristeza me abandona.
Las fantasías imperan,
las poseo.
No me dejan ni me ignoran.
Me habitan. |