Juro que no volveré a mirar tu sombra,
La dulce forma en que tu cadera sinuosa
Se mueve en ese vaivén endiablado,
Que hoy al olvido me condenó.
Y sé que escribo una y otra vez lo mismo
Y no me importa este repetido cataclismo,
Quiero exorcizar lo que no alcance a decir
Quiero hablar (te), gritar (te) y después, en calma, morir.
Juro que me voy desandando mis besos,
Borraré todos los suspiros que dejé en tu cuello,
Desprenderé la cadena de versos que até a tu cintura,
Para que de mí, en ti, no quede huella alguna.
Y sé que quizás ya te lo había dicho,
Quizás es la locura de mi ostracismo,
Pero hoy acaban mis versos para vos
Y a pesar de ya haber escrito el último poema,
Nunca está de más repetir un adiós.
Juro que no sabrás más de mí y mi garganta,
Ni sabrás de mis manos acariciando tu espalda,
Te condeno a que los sábados extrañes mis ojos,
Y esa manía bizarra de amarnos como locos.
No volverás a conocer versos tan puros,
Que antes me parecieron idiotas y que ahora veo oscuros,
Mis palabras exiliadas no escribirán más de ti,
Porque como palomas errantes, al sur, van a morir.
Pero de que me sirve jurar tantas cosas,
Podría sepultarme bajo un montón de cosas,
O de pronto, después del poema,
Escribir (te) la última canción.
Pero lo juro, de nada me serviría,
Si no encuentro la forma de zafar (te) y arrancar (te) de mi corazón. |