Desde el sur de tu mirada, jugaban escondidas las llamas del ocaso, y se dejaban embriagar por los duendes nocturnos. Todos los horizontes apuntaban a su piel, púrpura, tersa, suave, pradera de sortilegios y blasfemias, laberinto emblemático de sombras y curvas, tímida brisa de arpegios marinos calcinados por la sal del sudor.
Eras el poema encarnado, eras la herida perfecta, el golpe de gracia, el canto del chaman, la gloria de lo realmente puro, eras la cláusula que protegía mi derecho a amar sinceramente, eras el veneno y el antídoto, el naufragio y la brújula, la sangre y el agua. Eras la sinfonía inconclusa de un mal músico, eras la abstracción mas concreta de mi mundo, eras mi mundo de abstracciones, eras el cartel de lo que eras, eras un castillo de arena en el desierto de mis soledades, eras el precipicio y el llano, eras el infierno y el paraíso, fuiste la verdad mas mentirosa y la mentira mas real, eras el tirano piadoso, eras lo indefinido y lo indefinible, eras la mujer que amaba.
Eras, y eso es lo que duele... |