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Sin fe y convencido del milagro
VI. Lo que cuenta del camino
Dice la tradición, que los Monasterios se instalaron para aliento de cansancios y orientación en las dudas; hoy es ruta cultural y turística de primer orden y no siendo mi intención, siquiera de pasada, hacer mención a tan importante patrimonio (Monasterios, Museos, Iglesias) recogidos y disponibles en ediciones de todo tipo en librerías, agencias de viaje y certámenes turísticos, sí quisiera resaltar que las peregrinaciones a Compostela nacen en la baja Edad Media, a partir del hallazgo del sepulcro de Santiago en el s.IX. Son los monjes benedictinos los primeros causantes del fomento y promoción de las peregrinaciones jacobeas, a los que siguieron los de la Orden de Cluny y la del Cister, instalando una red considerable de pequeños monasterios a la vera de las grandes rutas, con la misión de atender en todos los sentidos a quienes peregrinaban a Santiago. Con el paso del tiempo y al abrigo de estos monasterios, se van creando una red de infraestructuras hoteleras y de todo tipo al servicio de peregrinos y caminantes, por las posibilidades económicas y de negocio que genera y que la convierten en una de las rutas culturales y turísticas más importantes de Europa.
Así, el viajero peregrino, encuentra a su disposición una importante oferta gastronómica y de ocio, con precios y servicios para todos los bolsillos, en los múltiples y variados establecimientos hosteleros de cada población, y la que sin duda la justifica, tanto si se plantea como viaje turístico, cultural o religioso, en el importante y espectacular patrimonio cultural, museístico y religioso que albergan los distintos Monasterios, Iglesias y Catedrales existentes en el camino de los que, también, depende gran parte de la red de albergues que muchos utilizan, de forma gratuita, para aseo personal y para pasar la noche y que también, son referente para principio y final de cada etapa. Son gratuitas las consultas médicas en los hospitales públicos, el viento, la sombra, el suelo del camino y el acceso al culto en las Iglesias. Todo lo demás, tiene los mismos costes de cualquier viaje, con la diferencia de que no se necesita coche, tren o avión más que para el regreso.
El gran esfuerzo y la soledad del camino, aún caminado acompañado, descubre tu mundo más interior; momentos de animada conversación con tu acompañante, paisajes desconocidos y sensaciones nuevas, se producen cada día y a menudo, pero tantas horas de caminata en un constante e imprescindible ritmo que, desde el primer día, te das cuenta que debes de mantener para llegar a la meta, te lleva a distraer la mayor parte del tiempo, con tus propias reflexiones. Sin pretenderlo, cada día, te descubres con imágenes, conversaciones, ideales y hechos que sabes que te pasaron o con los que soñaste alguna vez, pero que dejaste de tener en cuenta. Vuelven a tu mente vivencias familiares de la infancia, anécdotas y situaciones perdidas en el recuerdo y de las que nunca tuviste oportunidad de comentar con nadie. Quizá, sea debido a esa abstracción mental que se produce observando el fuego de una chimenea, las olas del mar, el movimiento pendular en algunos relojes de pared o incluso, tus propias botas en movimiento. Los silencios y como ausencias mentales que notas en tu compañero, te indican que sufre el mismo proceso. Los primeros días, caminas como un aventurero explorador ocupando gran parte del tiempo con la máquina de fotos que, enseguida abandonas para evitar esfuerzos inútiles, no perder el ritmo y no distraer tus propios pensamientos. Solo cuanto te paras para comer o contemplar algún paisaje o monumento, echas mano a la máquina de fotos y es entonces, cuando sales de tu interior y vuelves a compartir con tu compañero o la gente con la que te encuentras.
No sabría decir si el camino te transforma, pero si que te sientes de otra forma. Ni mejor ni peor, salvo el aspecto indigente por mi descuidada barba y algunos kilos en sudores y fatigas que trasluce el vestuario, físicamente me siendo más ligero e interiormente, como más libre; también, con mejor sentido del humor y hasta orgulloso, de haber superado la prueba.
Dedicamos la noche de llegada a descansar para, al día siguiente, hacer turismo conociendo la ciudad de Santiago
Texto de aac agregado el 20-01-2008. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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