Sábado 19 de Enero, preámbulo del día del Roto chileno, camino en dirección a San Diego 236, en donde se ubica el añozo y nostálgico local "Las Tejas", ¿Por qué me dirijo hacia allí? te preguntaras lector, pues es ahí en donde se celebra, anualmente, "El cuecazo del Roto Chileno" festividad donde ni el Reggeaton, ni el Axe, ni la música de los 80 existen, sólo es reina la "cueca chora".
Al ingresar al lugar ya la mitad del salón se encontraba ocupado (para el pesimista "medio vacío", para el cuequero "medio lleno"), me siento y pido un terremoto (pipeño con helado de piña), comienzo a observar. Mientras los técnicos realizan las pruebas de sonido, un abuelo con su acordeón interpreta cuecas a todo pulmón, recorriendo una a una las mesas del local, en otra mesa un tipo toma 2 platos pequeños, juntándolos en la base, con una manos las toma y con la otra las comienza a golpear, creando una especie de castañuela, inicia los acordes de una cueca, mientras los demás le colocan letras al tema interpretado, que a veces improvisada, encendía los ánimos.
Continúa llenándose la gran sala, adornada con pinturas, tan antiguas como el propio local, todas interpretaban distintos escenario en donde la principal musa es la música folclórica.
Comienza el primer grupo a tocar, con un lugar en el que ya no existían mesas libres, la mayor sorpresa, para mí, fue que el pianista, de este grupo, no mayor de 12 años, inicia la tonada que da rienda suelta a la música, casi tan de pronto como aparecen las letras, de éste primer pie de cueca, las personas se levantaron y utilizando el pequeño pasillo, que las mesas dejaron, comenzaron a bailar, un delite para los ojos ver tantos pañuelos al aire y bailes que demostraban el significado del baile, seducir. Ya pasado 1 hora de entretenido espectáculo aparece un viejo con camisa negra, sombrero, chaqueta y pantalón gris, acompañando a una mujer a un pequeño espacio disponible, da el paseo inicial del tema y al comenzar a cantar, el grupo de turno en el escenario, por arte de magia saca un pañuelo rojo, simplemente cautivador, baila con pasión, no por la fuerza sino por los movimientos y sonrisa, la misma con que la cueca es interpretada por el grupo, el abuelo también hace bailar el pañuelo, tanto sobre su cabeza como en la de
de su pareja de baile, a veces lo estaciona en su sombrero, mientras que con sus manos abre su chaqueta y, cual gallo, zapatea seduciendo a su gallina, suelta su chaqueta y toma su pañuelo para dejarlo en su boca, acercando su rostro a la pareja que lo acompaña, simplemente regocijante, el abuelo se gana el aplauso de los que estaban más cerca.
Entre tantas personas también aparecían niños de 7 años bailando y zapateando con la energía que su corta edad les provee, bailes de todo tipo, seducciones de todo tipo, zapateos de tipo, sé que si hubiera sacado a bailar a la mujer de mis sueños, y me dejo llevar por la música, le abría arrancado un beso pues, querido lector, no solamente la samba o el tango afloran la pasión, pues la cueca con sus letras de amores, desamores y anécdotas, te llenan de pasión, quizás el patriotismo me hace escribir de esta manera, pero no tengo duda que si hubiese sido un extranjero podría haber captado todo eso, eso sí, no lo hubiera sentido hasta los huesos como lo sentí aquella noche de pasión cuequera. |