Deja que alce mi vuelo,
no me ates al recuerdo.
Déjame partir silente de tu vida.
Fuimos pausa,
fuimos tregua,
fuimos unión de soledades.
Por eso te pido
que me alejes de tus espacios vitales,
que el recuerdo
de mi breve paso por tu vida,
haya forjado tu sendero
y sientas la fuerza,
la energía y la vitalidad;
que mis manos hayan
moldeado tus afectos,
que mis palabras
leguen un sentido positivo.
Debo partir,
no quieras atraparme.
Deja que mi recuerdo de ti
sea el mismo de ahora,
antes que una nube negra
se pose sobre mi existencia.
Déjame partir
para conservarte en mi alma.
Estaré acompasando
tus soledades
y verás que
la damisela odiosa
te va dejando
una dulce melodía
que acompasará
tus recuerdos.
No estaré muerta,
sólo dormida
y doquiera que esté,
seguiré velando por tu paz.
Septiembre 5 del 2004
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