Las palabras encantan, enamoran, los afectos, sentires y pensamientos se van tornando frágiles y se baja la cortina de la razón para ceder paso a esta necesidad de leer lo que uno siente, de sentirse reflejado, de mirarse en la magia detrás del espejo.
Y los ojos se deslizan entre los millones de palabras y escritos, los escribios de algunos, los vómitos de otros, las armonías y colores, el olor que penetra el alma sintiéndose habitado.
La pantalla silente me entrega emociones, demencias, abandono y mucha soledad, es cómo si fuéramos almas errantes en el espacio, en un tiempo sin edades, puedo leer a chicos y grandes, a felices e infelices, a optimistas y pesimistas, las contradicciones de la vida se plasman en las palabras.
Octubre 22 del 2004.
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