Sabía que ella venía
en un viaje era con retorno.
Sabía que era una promesa con la vida
una deuda que debía ser saldada.
Se bebió en un mes
toda la espera de una vida,
atento a los designios del amor
que llega a dar su mitad y
un nuevo sentido a cada día.
Lo que no sabía era cuánto dolería la partida
que vagaría por las calles siguiendo su huella
en cada trecho que juntos recorrieron.
Sus certezas se volvieron inciertas,
una pena profunda le invadió
su alma reclamaba el amor.
Le invadió una fijación extraña,
perdió su nombre y su casa,
se amparó en las calles
y en cada rostro aún la ve venir.
Una amplia sonrisa ilumina sus días,
la respira, la siente y lo habita
mientras su mitad
continúa esperando un regreso.
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