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Inteligencia emocional... En ese instante, todos supimos que jamás volveríamos a vernos. No porque fuera japonesa y yo dominicano ni porque ambos estuviéramos de paso por Orlando. Tampoco porque yo no hablara inglés ni ella español. “La cucaracha, la cucaracha”, era lo único que sabía decir mientras reía e insistía en que era una canción dominicana; mi escaso inglés no fue suficiente para explicarle de donde provenía la canción y por qué se le cantaba a “la cucaracha”. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |