Muy temprano se levantó Rubén. Pantalón de tela, camisa, sombrero de ala. Posición acordada desde ayer consigo mismo. Estudió las sombras de la tarde y los rayos de sol de la mañana. Escudriño las posibles caídas de agua de la casa, los árboles de la platabanda. Y después de tanto estudio adivinó que en la puerta, sentado en el escalón debía ser. Sentado, silbando, escuchaba los pájaros y saludaba vecinos apurados que iban al trabajo. Conversaba con el diarero, y este le prestaba un periódico mientras hacía la cuadra.
Luego se despedían y fumaba un poco. No almorzaba. Veía llegar a los niños del colegio, le traían dibujos, a veces dulces y él les correspondía con una sonrisa. Nuevamente los vecinos, esta vez de vuelta. Así hasta que pasaban los recolectores de basura, a eso de las diez. Los saludaba y se iba a dormir. Sólo esperaba, a eso nos dedicamos todos, ¿no?
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