Día a día combato con él, es una lucha lenta y perenne, no recuerdo cuando comenzó, solo sé que desde que tengo memoria ha sido una lucha infernal, y esa lucha aun continua, lo cierto es que siempre ha existido, ha existido antes de que pudiera notar que ya era yo un combatiente, estoy envuelto en esa encarnizada guerra, aparentemente no tiene un motivo de ser, pero es una ley de la existencia de cualquier especie.
El adversario es inclemente y acaba con todo tarde o temprano, con unos tarda luchando mas que con otros, lo cierto es que nadie le ha vencido, no se sabe de alguien o algo que haya podido derrotarlo jamás.
A medida que pasan los días, los años, puedo ver el desgaste que me ha hecho mi implacable adversario, siento como me va desvencijando, como me malogra, y aunque yo uso todas mis armas no logro conseguir su punto débil.
Mis esfuerzos son en vano, y mientras mas lucho contra él, mas me lastima, mientras todo pasa, puedo ver en mi entorno los caídos. Caídos a raíz de las frías hojas de sus espadas, son espadas filosas, espadas invencibles forjadas con el principio de todo, y que se fortalecen con todo lo que ellas finalizan. También pudo asfixiar a sus víctimas con tierra, y con arena, pudo cegar para siempre a sus presas con la luz y la sombra que el solo puede manejar, y lo hace de manera magistral.
Mis manos ya arrugadas, mi cabello ya plateado, muestra la fragilidad de mi cuerpo, pero aún sigo combatiendo, y lucharé hasta que deje de existir, he aprendido mucho de los que caen, de los que han muerto a causa de él. Temible asesino que nunca duerme, nunca descansa, nunca ha pactado ni pactará un tregua, con el nunca podrás negociar ya que es indolente.
Él ha podido acabar con civilizaciones milenarias, con mundos que coexistían, con especies animales, ha borrado así las memorias y costumbres mas remotas de aquellos lejanos días, de aquellos momentos.
Creo que ya no queda mucho de mi, ya no tengo nada que dar, mi pulso es tembloroso, mis ojos están gastados, mi voz es suave, mis oídos muy poco perciben, mis piernas están debilitadas, mis órganos se han hecho mas lentos. Pronto daré mi ultimo suspiro, y mi eterno enemigo habrá vencido, sus espadas sellaran mi carne y mi mente para siempre, y quedaré en la memoria, y eso será un leve rasguño en él, y depende de otros que esa herida se mantenga, ya que tambien puede borrarme, pero eso no lo detendrá, y seguirá acabando con todo, aunque mientras lucha conmigo también lucha con otros, es omnipresente.
Entendamos la persistencia del Tiempo.
E.J.L.H. |