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Inicio / Cuenteros Locales / ronalderom / S i l e n c i o

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La tarde:

El viento se agolpa en los pastizales de una comarca infrecuentada. El turista promedio, lacerado por el clima oneroso, recorre las calles del poblado en pos de limonada o refrescos. El agua escasea; no hay nada más a kilómetros. Los fragmentos de asfalto y una legión de hombres tostados por el sol y molida a golpes, en la plaza central, llaman la atención del pasante. Son las secuelas de momentos históricos, patrimoniales, en los que el llamado patriotismo aflora, soberbio, en el más simple de los gestos. Estos hombres, de nariz larga y ojos saltones, son los pobladores silenciosos de estas tierras. Entre ellos, dentro de una pequeña fonda, un turista promedio se vería a salvo, no así un gordito cincuentón que pregunta demasiado. No así, si un tabernero de cabellos canos y cara rugosa es interrogado y los comensales, torvos, dirigen su atención hacia ti.

“POR FAVOR, tráigame Waffles”.

Se escucha a alguien refunfuñar.

Los pastizales, maltrechos, destilan su aroma y se oyen los pasos infructuosos de vacas y caballos.

El viento agita una de las ventanas laterales de la fonda:

“LAS QUIERO, untadas de mermelada y miel”.

El hombre descuida al tabernero y mira por la ventana: en las afueras las tolvaneras y calles desiertas anuncian el atardecer. Los caballos beben del abrevadero y se oye a alguien entrar en la fonda.

“Las cosas que uno debe hacer por una noticia”, se dice, ya ensimismado a la espera de su orden. Los momentos de gloria no han lastimado su ego, al contrario, han mejorado su alimentación.

“¿ACASO NO ME ESCUCHA? Le dije que dejara de mirarme… ¡DEMONIOS! Estos pueblos están infestados de gente repelente y bobalicona que uno podría perder el tren por quedarse a conversar con ellos”.

Una charola, un jugo, unas rodajas de pan caliente quemadas en los extremos.

“YO NO HE PEDIDO ESTO, señor”.

Conformarse.

En las noches de luna es preferible elegir el camino equivocado. La sensación de extrañeza lo aprisiona a uno y es mejor entregarse a la reflexión mitológica o urbana, como en esos cuentos infantiles de TV., o las películas de algún joven director de Hollywood.

“MIRE, le propongo un trato… Usted me ayuda y yo a cambio le doy algo de dinero”.

Por estos lares los negocios se manejan de otra manera: el temperamento de los pueblerinos…

“¡ESTOS PANES SABEN HORRIBLES! Llévese esta porquería”.

Es preferible callar cuando se está en juego el sentir de un pueblo; nunca se sabe cuando su susceptibilidad se vaya a ver afectada.

“DÉJELO ASÍ. ¡Mierda!”

Los pueblerinos se muestran cautos y respetuosos.

En la plaza pública los hombres arrasados por las batallas descuelgan sus sombreros, caminan sigilosos, bordean la taberna y uno que otro ingresa a beber un ron.

Cuando el gordito sale, escucha el resoplido de los caballos y las estrofas del himno que corea una mujer. Casi de inmediato, mientras contempla esas escenas gloriosas e históricas de un pasado próspero, siente cómo un dolor agudo le borbotea en la ingle.

En días como éstos es preferible callar, nunca se sabe cuando el temperamento de los pueblerinos vaya a exacerbarse.




Ronald Escalante R.
(Machala, 2006)

Texto agregado el 24-01-2008, y leído por 56 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
2008-02-09 17:53:31 Excelente relato. Muy bien plasmada la sociedad pueblerina. ¡Plap! ¡Plap! También salgo en silencio. marimar
2008-01-25 01:03:46 Mis***** Excelente relato. Trájico y contundente. flop
2008-01-24 17:11:22 de puntas y tacones está hecho el barco que no habrá de salvar Rancho_Mental
 
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