Seguí el norte de los sueños,
esos que no se alcanzan
con un estirón de brazos.
La luna viajando con ellos
al preciso momento de las noches,
ella, en el ángulo izquierdo de los cielos.
Ella, cerca de todo lo que tuve,
lo más doloroso es esta deteriorada libertad
que nos persigue.
-¿Color de piel?, preguntó el hombre.
-¿Importa? ¿No alcanza a verme?, dije.
-¿Idioma?
-Castellano, la pura lengua.
-¿Sueños, tiene alguno?
-Como los que usted posiblemente tenga,
esos que escondió en el alma, si es que recuerda.
Señor de barba blanca,
¿conoce el lugar del mundo
dónde la paz vive en el corazón de una paloma blanca?
¿Porqué se lo pregunto?
Porque donde hay paz, hay también justicia.
-¿Tierra de libertad es lo que busca?
-Precisamente, respondí.
-No sabría decirle, dijo el hombre,
yo también tuve un sueño...pero, no luché
y me lo arrebató el tiempo.
-No llore abuelo, le dije,
por usted y por nosotros, lucharemos.
Se lo prometo. |