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Inicio / Cuenteros Locales / yajalon / Ciudad de México, 9:35 AM

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I

La primera sensación fue visual, algo así como un relámpago que hiciera blanco a escasos metros de mí, un resplandor intensamente azul impactándome en el rostro; a diferencia de un flash de cámara fotográfica jamás percibí a mi alrededor estrellitas tintineantes; fue sólo la brillantez intensa, directa, paralizante, y de alguna manera plena de tranquilidad.
Después llegó la sensación auditiva, dos tronidos ensordecedores y el impacto de un cuerpo estrellándose en el suelo (mi cuerpo desde luego), una cabeza que rebota una y otra vez, nuevamente el sonido como de olla de barro desgajándose por el golpe; un largo silencio y nuevamente el sonido, esta vez voces que se animan unas a otras, que susurran o gritan, -aprecio desesperación en todo caso-.
-La sangre después- por supuesto que no puedo verla, imaginarse el olor, describir el olor, a qué huele la sangre, a qué huele la propia sangre, el olor no se parece a nada con lo que pueda relacionarlo, pero sin ninguna duda estaba allí presente: olor dulzón-olor caliente-olor viscoso-olor acido. Olor, olor, sin embargo olfativa fue esta tercera sensación.

Mi cuerpo yace inerte sobre el duro pavimento, hay ahora ya decenas de personas a mi alrededor, caras de dolor, de temor, de pánico, de asombro, de incredulidad; evidentemente ya nada puede hacerse, de allí tanta angustia en aquellas miradas de inquietud.

El tacto tiene una relación de volumen o de masa, podría elucubrar un poco en este sentido; esta sensación va más allá de las físicas de la luz presentes en la vista, o de la química involucrada en la composición de los gases afines al olfato, o volviendo a la física auditiva ésta se haya estrechamente unida a las ondas sonoras.
Pero el tacto es fundamentalmente piel, es roce, es presencia física, tentar, (no me tientes porque si nos tentamos acabaremos enamorados).
Brutalmente este sentido ha desaparecido de mí, no hay sensación de mi camisa ensangrentada, o de mi cabeza rebotando contra el suelo, o de mi cuerpo descansando sobre el duro pavimento; son solamente los otros sentidos flotando en el éter, integrados en el cosmos y ajenos al cuerpo aquel que permanece inmóvil; de alguna manera mi yo- completo está integrado en ese cosmos, en ese universo que rodea al cuerpo y que rodea a la multitud que se ha congregado mirando, y hurgando con malicia o sin ella el cadáver de un hombre que alguna vez tuvo ha bien darme cobijo.

Desde luego ahora viene la pregunta importante, la cuestión trascendental
Qué es el ALMA
-21 gramos es una falacia-
El alma son los sentidos integrados al cosmos, ajenos al sentimiento de dolor: el alma son los sentimientos que fueron integrándose a lo largo de la vida, es el llanto y el berrinche de niño ahora recordado por tu madre mientras eleva una plegaria al cielo, es el beso aquel que con sólo recordarlo erizaba tu piel (no necesariamente el primer beso), -hay algunos segundos o terceros verdaderamente memorables-, el alma es también la impotencia por no poder devolver el golpe, y es la sonrisa del hijo que ahora te recuerda de cuando ibas a verlo jugar, y es el recuerdo del abrazo al amigo o al hermano, y es esa palabra y esa copa de vino, y es toda la gama de vivencias que se fue tejiendo en el camino.
El alma es todo lo que queda después de haber dejado el cuerpo, el alma es el recuerdo que los que te rodearon a lo largo de la vida tendrán de ti. El alma es ese polvo intangible que flotara eternamente en la memoria, eternamente pasando de generación en generación, y que finalmente se ira desvaneciendo, desvanecien, desvaneci, desvane, desvan, des …


II

Lo presintió inmediatamente al dar el primer paso fuera del banco, -una carga pesada cayó sobre sus hombros-, había tomado todas las medidas de precaución recomendadas: llegar temprano al banco, estacionarse muy cerca de la puerta, ir vestido informalmente, evitar llamar la atención, discreción ante el cajero, permanecer junto a la ventanilla contando el dinero, 30,000 pesos, no a la cartera, distribuir al azar en las bolsas delanteras, salir con seguridad pero con mucha atención.
Dos o tres pasos fuera del banco, una marcha que se hacia eterna, el auto a escasos metros; rodeó para llegar a la puerta del conductor y justo cuando se disponía a abrir sin saber de donde le llegó la orden directa y tajante.

-el dinero, o te mueres cabrón-

Estaba inmóvil, paralizado, no había en él ninguna capacidad de respuesta, balbuceando intentaba calmar al asaltante; su mano derecha asida a la manija del coche, tetanizada, incapaz de soltarse, la izquierda pendiendo vertical a lo largo de su cuerpo también inmóvil. Su mente obnubilada por el terror pasándole como en una cinta: transacción electrónica, pero y los hackers, un día sacas en un banco cinco, al otro día en otro banco otros cinco, es una monserga son solamente treinta…

-órale, pinche puto o aquí te quiebras-

Sinceramente quería hacerlo, soltar la manija del auto, sacar el dinero de la bolsa derecha, mover la mano izquierda, entregar el dinero de la bolsa izquierda; también quería decirle al asaltante que mantuvieran la calma, que todo se resolvería en unos segundos, todo eso quería hacerlo, todo esto pasaba con lentitud por su cerebro, sin embargo la mano derecha seguía asida a la manija, la izquierda pendiendo vertical, y los sonidos que alcanzaba emitir eran apenas balbuceos. El rostro también contrito por el miedo, los ojos en una larga mirada que se perdía al horizonte, los labios entreabiertos murmurando palabras in-entendibles; con angustia trataba inútilmente de respirar con tranquilidad, inhalaba profundamente y exhalaba en un largo movimiento de su pecho…

El asaltante levantó la pistola a la altura del rostro, también el tenía que cumplir con los mandatos de su cerebro, percutió en dos ocasiones, bajó el arma, giró sobre los talones y mientras se daba a la fuga comenzó a pensar en la justificación.

-el pinche culero opuso resistencia- y no me quedó de otra-


Enero, 2008

Texto agregado el 26-01-2008, y leído por 27 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2008-04-27 01:17:48 Es extraordinario este cuento. El desdoblamiento que hacés, lo llena de sentido. La muerte analizada por el protagonista y luego el relato de los hechos por un narrador externo es genial. No es posible que yo sea la primer visitante, se lo están perdiendo. Lo voy a recomendar. aicila
 
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