Hoy y no ayer.
Quizás regrese
cuando la memoria
descanse de recuerdos,
y al verbo,
como en un final poético,
lo conjugue
con sabor a tiempos de silencio.
Ya habré cantado
canciones a la vida.
Soy, nada más
que un ser humano.
Porque eso soy
extiendo mis raíces
aún en el futuro desnudo
de un invierno nevado,
desolado y frío.
Vivo en el desierto
donde el empeño lo transforma
en un lugar de sueños.
Vivo entre nieves
y chubascos helados de viento.
Pero, soy yo.
En la lejanía sólo el cóndor
conoce mis secretos.
Y amo al cóndor
como a la pureza
del aire en la montaña
y amo al canto del indio
que no por ser indio
dejó de ser humano.
La única jerarquía
que me vive por ser,
es vivir
sin ser esclava de una lágrima. |