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Inicio / Cuenteros Locales / rafudo_ / Amanece lloviendo

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“Amanece lloviendo. Bien peinada
la mañana chorrea el pelo fino.
Melancolía está amarrada;
y en mal asfaltado occidente de muebles hindúes,
vira, se asienta apenas el destino…”
- César Vallejo -


Unos pies se hunden resignados en el húmedo suelo de la calle cubierta de barro. El agua huele a letrinas al costado del camino. La lluvia cae menuda entristeciendo la mañana de enero. Bajo las miradas inciertas hay una pregunta que los labios ahogan con las gotas amargas de la noche inacabada. Sueños perturbados, ojos negros, arenas movedizas o pantanos. Por un tiempo no se escucha nada, por un tiempo, el diminuto temblor de las modestas casas del barrio olvidado lo cubren todo con su lóbrega marcha. Obreros insomnes. Un acarrear constante de baldes, un par de vehículos que se dejaron sorprender en una calle que no habían visitado. Todo parece igual, los vecinos hablan de lo mismo, pero reconocen en sus gestos una maldición compartida. Un signo, una huella profunda, una marca. En la curvatura de sus rostros, la lluvia inesperada. El cielo ensombrecido, el trinar ausente de los pájaros. La hoja que tambalea con el viento les dice sin mediar palabras, que otra vez amanece lloviendo.

Suena el teléfono. Una muchacha de ojos apagados corre a contestarlo. Sus mejillas recuperan un poco su color al reconocer la voz del otro lado. Hace varios días que llueve, y a pesar de las vicisitudes que pasaron, ella solo lamenta no haberlo visto desde entonces. Quiere verlo con las mismas fuerzas con las que la naturaleza se lo impide, quiere verlo, y a la vez no quiere. Teme que la lluvia también la haya marchitado. Su ropa está mojada, o manchada por el lodo acumulado en las esquinas de su patio. Se desteñiría antes sus ojos, si la viera pálida y ojerosa por culpa de las malas noches luchando contra el agua profana que invadía su casa. Además, su barrio está inundado. Las calles son difícilmente transitables. No puede salir. Nadie puede salir sin hundirse hasta las rodillas. No puede salir, no quiere salir. Aunque quisiera verlo, debe inventarse una excusa para mantenerse lejos. Es lamentable, si, esos dolores de cabeza peregrinos que llegan de un momento a otro. Saldrá con mucho gusto –y con todo el amor del mundo- a dar un paseo por el centro otro día, a una hora apropiada y preferiblemente -sería más prudente- cuando haya pasado la lluvia. Es comprensible, si, ella está un poco indispuesta. Mojarse solo la podría empeorar. Pero en el teléfono, una honda decepción se escucha en la otra voz.

Ama la lluvia. Lo llena de nostalgias la santa catarata de lágrimas de los ojos del Creador. Siempre que llueve aleja su silla de la computadora y la coloca al lado de la ventana para mirar la ciudad abrir sus paraguas y armarse con vitamina C de las farmacias. Los cristales se empañan con su respiración. La taza de café humea en su escritorio. Las gotas caen confiadas, él dibuja figuras que parecen gatos o leones. Recuerda un poema que le enseñaron en el colegio, trata de rescatarlo del baúl de su cabeza, pero no puede. Solo consigue pequeños pedazos: Cielos de platino, astas de viento, la mañana libre de crinejas. Nada de eso le basta, no puede encontrarse consigo mismo sin pensar en ella. Ella tiene unos ojos negros centellantes con dos puntitos blancos como dos estrellas. Ella no puede salir. De reojo mira su paraguas, está listo cual vigía, apoyado en un rincón para protegerlo del primer disparo, el primer rayo, el primer relámpago asesino. Ella está enferma. Podría ir a buscarla a pesar de la lluvia y su negativa. Escribe su nombre en la ventana y se repite de nuevo que está enferma. Mira la hora, no es tan temprano. Trata de recordar su dirección, recuerda más o menos como llegar, donde torcer luego de entrar por la avenida del Cuarto Anillo. Aunque no recuerda el nombre del barrio.

Su sueño trata sobre un caballero con una lanza azul, una frágil torre de cristal sobre la cima de una montaña infranqueable, y un gigante de metal que sabe leer. La lanza azul le es inservible al caballero, pues ésta le incomoda al momento de escalar. El caballero arroja la lanza azul que se clava avergonzada en el suelo. Sube la cima destinándose a la buena estrella del destino. El gigante se mantiene indiferente y hojea una revista sobre el arte de derrotar caballeros aventureros y locos. Lanza un gruñido y luego psicoanaliza sus sentimientos reprimidos. Todo es confuso, el cielo es blanco, las nubes celestes y el gigante ha atrapado al caballero con solo estirar el brazo. La lanza azul cae al suelo, mala premonición para el final del sueño. No hay magos, no hay hadas, ni un deseo salvador de último momento. La sangre del caballero sale de su boca como un río con un caudal lento que se escurre por su cuello, su cuerpo es lentamente oprimido por la mano de su verdugo. El sol es blanco y pequeño, su luz lo oscurece todo. El caballero muere sin lograr obtener el secreto de aquella torre frágil de cristal.

Despierta.

Un rumor lejano la confunde, sus pies se encuentran fríos por escapar caprichosos del cuidado de las sábanas. Tiene ganas de ir al baño, pero está ocupado. Junto con el cálor de su cama va olvidando poco a poco el sueño, vencido por la sorpresa y el pesar de comprobar que otra vez amanece lloviendo. Es martes y enero. Las casas del barrio olvidado se inundarán con el agua de la lluvia inesperada, y unos pies resignados se hundirán en el búmedo suelo de las calles cubiertas de barro.

Texto agregado el 30-01-2008, y leído por 81 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2008-02-11 13:45:18 Que Dios o quien sea, te conserve esa inventiva, felicidades por este hermoso cuento que te te atrapa. un abrazo Rafael. 5* astigitana
2008-02-05 14:28:54 Esa forma de narrar que tienes permite observar el mundo a través el narrador y ver los detalles que no descubrimos al pasar... naiviv
2008-02-03 08:00:42 Precioso cuento lleno de magia y poesía. margarit a-zamudio
2008-01-30 17:01:29 Wow... qué magnífica narrativa! Me dejó pegada a la pantalla para impregnarme del ambiente que creas. Me dejó un sabor a nostalgia, no sé, me encantó. Mis******** llmc
2008-01-30 16:58:18 está retebueno tu cuento, me encantaron algunas met´foras que pones y bueno, en sí la continuidad del cuento excelente, los personajes, el frío de cuando llueve,(ya sabes, como una caricia)es todo, es una excelente cuento... Hartos besos mi queridísimo RafaS! pachita_rex
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