He regresado tarde, hoy,
el algún día de mis sueños.
No fuí muy lejos.
Deambulé el paraíso y confundí
mi alma en poesías de amor
nacidas en recuerdos.
Rodeada de esperanzas y una canción
de murmullos, como si fuera una canción
melodiosa de palabras.
Recorrí el silencio,
destejí su voz en paz y gloria
pero, no huyó el dolor
de una ausencia:
Él, el que inunda mis sentidos,
mi corazón, mi vida.
¡Fuí por tantos senderos...!
Mi búsqueda al mar del pensamiento.
No existe un ángel negro,
sólo un fuego de verdades inconclusas.
No existe la gloria,
sólo es un recinto de descanso
del alma infinita
en la eternidad del universo.
¡Bendito Universo, el nuestro!
No llores.
No existe el tiempo.
No hay espacios vacíos.
No hay entornos diferentes.
No busques más, dijo mi conciencia.
No sufras.
Tú lo tienes.
Siente. Él vive en tus heridas.
Acaricia su sangre en tu sangre.
Vive como ayer y hoy, junto a él,
en la eternidad que existe
en la promesa de un dios
que nunca nos ignora.
Dios no miente.
Es cierto, no miente.
Él, mi ausencia, me ama.
Me posee, vuelve a amarme.
Entre él y yo
no hay espacios ni distancias.
Y hay una canción...
aquella que escuchamos
el primer día.
Una canción que llena mis oídos
y dice que él,
el amor de mi vida, me ama.
Y yo a él, yo le amo.
Y yo a él, no lo olvido.
Y yo a él... |