La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / tejera / JOHNNY TORTURA

 Imprimir  Recomendar
  [C:334771]


Johnny tortura era un empresario del dolor.

Vivía de alquiler en un pequeño ático. Tan sólo dos habitaciones.

Está de más decir que disfrutaba con los retos de sus clientes, que con cada sesión se volvían más exigentes.

“Un infierno irresistible”, se anunciaba para los masoquistas. Dos horas de servicio aseguraban una exquisita tortura, garantizando no dejar marcas. La mayoría de sus clientes eran hombres maduros, padres de familia y algún anciano, que era tan inmune a las cosquillas de los nietos como a la corriente aplicada.

Los ojos de sus “ratones” mostraban dolor pero sus leves sonrisas delataban placer.

El señor X, para salvaguardar su identidad, era un habitual de dos veces por semana, casado y con tres hijos había adquirido el vicio del sufrimiento físico mucho antes de empezar a pagar por él.

La madre de éste señor X, esquizofrénica, paranoica y demente, aplicaba raciones diarias de azotes a su hijo desde la infancia hasta pasada la adolescencia. Todo esto marcó su vida.

Hoy, por trauma o nostalgia, después de fallecida su madre, revive el placer de haber dejado atrás una infancia dura, por medio del dolor. Era el mejor cliente de Johnny tortura y el que más exigía.

Johnny implacable, afrontaba el reto de cada visita, para superar el sufrimiento del anterior.

Johnny pensaba, “una tortura que no deje marcas, que no sea corriente, y que roce la agonía. La electricidad está muy vista”.

Decidió decantarse por el corsé torniquete, que oprimiría los pulmones sin fracturar ninguna costilla. Y de segundo plato, sin terminar de digerir el primero, acupuntura no tradicional, que consiste en localizar los nervios y puntos sensibles para luego saturarlos.

Miércoles, Siete de la tarde.

El cliente X, deposita setenta euros y se introduce en la habitación clandestina. Cuarenta minutos después, el apogeo es evidente. Sudor y lágrimas bebidas por una leve sonrisa.

El plan estaba marchando bien para ambos, el dominante estaba haciendo bien su trabajo, y el dominado, complacido.

A las ocho menos cuarto, ése mismo día, por supuesto, un apagón local desequilibró el guión…

El pánico se apodera del cliente X, que amarrado al potro se encuentra inmovilizado y desorientado, en una habitación en total oscuridad, sin ventanas e insonorizada.

El empresario del dolor, aprovechando el tirón se embolsaría treinta euros más por apagón voluntario.

Texto agregado el 31-01-2008, y leído por 285 visitantes. (18 votos)


Lectores Opinan
2008-03-23 10:48:01 Describes y nos adentras muy bien en ese infierno irresistible del dolor. taber
2008-03-19 22:54:48 mis estrellas torturadas missestrellas
2008-03-13 14:51:25 Ingenioso. Debió dejar aquí el número de teléfono de Johnny, usted sabe... scatolocos
2008-03-12 17:27:31 en el apagon el masoquist sufria más por no sufrir. mas alla del dolor estala contemplacion como en farabeuf patriciowk
2008-03-10 14:59:53 lo tuve que leer dos veces para entenderlo... colomba_blue
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]