Procuraba tomar en cuanta ocasión pública tuviera, y no tan pública también. La ebriedad era su estado de ánimo persistente, ni siquiera una gota de resaca, era borrachera y nada más. Cuando agonizaba, luego de 40 años de esta santificada vida, su mujer le preguntó el por que de su afición a la bebida. Él respondió, casi a punto de llorar, que lo hacía pues la amaba.
-Tomé 40 años seguidos solamente porque nunca quería dejar de verte dos veces.
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