La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / Evalix / Luz de Luna

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:33528]

“La luz es como el agua”
García Márquez

La vasta llanura del Sur del Lago de Maracaibo se bañaba de una luz increíblemente fluorescente con el esplendor de la luna llena. Eran la una y treinta de la madrugada. Las copas de los árboles en su espesura, mil veces vistas, parecían mágicas ante mis ojos. Tantas veces en mi vida he recorrido el mismo paisaje y todavía sigue sorprendiéndome. Algunas veces ese mismo paisaje me hipnotiza con su atmósfera dorada, cuando bañado por “el sol de los venados” bandadas de garzas blancas se posan sinuosas sobre ramas y pueblan los esqueletos de algunos árboles secos a la orilla del camino.
Me sentía cansada, no tanto por la hora, sino por el silencio que rodeaba la carretera, aún cuando en susurro se escuchaba una melodía de una casete que se repetía una y otra vez, desde que partimos de San Antonio del Táchira. Veníamos atravesando la Panamericana, pasando por El Vigía hasta Santa Bárbara (que por motivos de mejor vialidad no cogimos por la Machiquez Colón, cuyo trayecto es más corto).
—¿Tienes sueño?— pregunté
—No. Ya falta como media hora para llegar.
Apagué la música y agregué:
—¿Impresionante el efecto de la luna, verdad?
—Ciertamente. Me hace recordar algo que me pasó, más o menos cinco años atrás...Una noche como ésta, bajo el claror de la luna.
—Y, ¿qué te pasó?, ¿chocaste?, ¿te quedaste sin gasolina?, ¿o...se dañó el motor?...
—Respondí, pues, ¿qué otra cosa puede suceder de madrugada y por carretera?
—No, ninguna de las anteriores. Agregó mirándome con un gesto que no supe descifrar.
Él regresó a su posición original de conductor y me parecía que estaba organizando sus recuerdos o el discurso para relatarme una historia. Ha sido siempre una persona seria, con aptitudes intelectuales, racional, de aquellos que “no creen en cuentos de camino”. Interrumpió mis pensamientos para contarme:
Salimos aquella noche de una fiesta en El Vigía. Yo sólo había tomado una cerveza, y Armando, como siempre, cuatro o cinco. La verdad es que no estábamos borrachos. La carretera estaba exclusivamente para nosotros, no vimos pasar autos durante el trayecto. La luna reflejaba su luz como ahora, y de un momento a otro, del lado derecho del camino vimos una ráfaga de le luz muy intensa, parecía que se estaba cayendo un pedazo de luna en medio de la llanura. Nosotros nos quedamos paralizados, también el auto se detuvo, luego nos miramos el uno al otro sin decirnos nada. No sé en cuántas fracciones de tiempo ocurrió el fenómeno, pero yo decidí pensar que mi imaginación me jugaba una broma o fue el relámpago del Catatumbo que se hizo mucho más evidente...pero sé que el rayo se puede apreciar del lado izquierdo del camino si vamos de regreso... ¿Entonces? No sé.
Armando no dijo nada tampoco, creemos en cosas que se pueden comprobar, en ciencias, no en cosas paranormales, por eso no dijimos nada. Creo que él culpó a sus cinco cervecitas. Aquello se desvaneció como si alguien oprimiera un interruptor en el paisaje.
Llegamos al pueblo y lo dejé en su casa, se despidió: “Hasta más tarde...” Yo en mi casa, acostado en la cama, pensaba y repensaba sobre lo ocurrido y como no encontré la forma de darme una explicación, decidí olvidarlo. De hecho, hoy es la primera vez que lo cuento a alguien. Armando creo que tampoco se lo dijo a nadie, ni siquiera lo comentamos entre nosotros. Total, ¿quién nos creería?

—Y ahora, después de todo este tiempo, ¿qué piensas de eso?
—Nada—respondió seco, sin voltear la mirada del horizonte.
Estabamos llegando a Santa Bárbara, todo dormía alrededor, sólo se paseaba el aire fresco de la madrugada aprovechando su momento, porque cuando el astro rey hace gala, no hay más chance para el frescor, sino para humedad y el calor sofocante de todos los días. Nosotros no mencionamos más el episodio extraño, nunca más desde aquel día.
Han pasado muchos años y han cambiado las cosas, nosotros no nos volvimos a ver, como tampoco pude ver o asegurarme de la veracidad de aquel fenómeno. El tiempo pasa y es como un efecto interructor: que alguien lo oprime y se transforma la luz en oscuridad. Hoy traigo a mi memoria el paisaje del Sur del Lago, sus garzas blancas, su sol de mediodía, su atardecer de venados. A mis oidos llegan ecos del ritmo de una gaita en agosto, o cualquier ritmo vallenato en ondas de radio que se escuchan en el occidente venezolano. Ahora precisamente ahora, cuando estoy lejos y vivo en tierras de Colón, pero no aquella del municipio, sino aquellas extranjeras, las de Cristobal Colón.

Alix Fazio Rosales

Texto agregado el 07-04-2004, y leído por 84 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2004-04-26 04:57:08 Curiosa la manera de llevar a cierto desván algunos recuerdos; a todos nos ocurres. Saludos. nomecreona
2004-04-14 13:08:35 Gracias por tu comentario..y enmurallados vivimos. evalix
2004-04-14 05:57:00 Muy inquietante...los muros de la memoria. Saludos. nomecreona
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]