He visto tu imagen, niño de mi pueblo. He comprendido el sentimiento de tus padres, yo que en tiempos veía en sus miradas el brillo del amor y la juventud. Me has recordado, querido niño, a un niño que nació en el mayor desamparo y llegó a ser el más grande del Universo.
He visto tu imagen y no te puedo olvidar. Puedo darte mis oraciones pero yo te pido a cambio las tuyas, pues no soy digno de respirar tu mismo aire. ¿Quieres saber quién es Dios? Dímelo tú, niño de mi pueblo; tú puedes ver a través de mis lágrimas. Dios nos ama, ¿es verdad, niño de mi pueblo? Las respuestas te pertenecen a ti, y quiero que me digas que hay algo más allá del dolor y la pena. Mira el amor de tus padres: ahí están las herramientas que Dios utiliza para ver al final el horizonte despejado.
Tu mamá quiere que yo rece por ti, y yo te suplico que reces tú por nosotros. Tu camino, aunque no lo creamos, es más sencillo, y algún día, no lo dudes, transitarás nuestras sendas de fatiga.
Tu mamá lo quiere, niño de mi pueblo: que todas las bendiciones del cielo caigan sobre vosotros; que todos los ángeles de Dios guarden tus caminos; que no falte nunca el amor en tus cercanías; y que tus papás aprendan de nuevo el lenguaje de la risa.
Yo los veía cuando sus ojos estaban cargados de destellos de amor y juventud.
El jardinero de las nubes.
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