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Inicio / Cuenteros Locales / jardinerodelasnubes / La Vírgen Del QUINCHE

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Venida la mañana de la festividad de la Inmaculada Concepción, la niebla extendía sus fríos encajes por los edificios circundantes. Ya se palpa en las calles la Navidad, y el otoño, que está tocando a su término, tiene prisa por arrancar de los árboles urbanos las hojas renuentes, que en las calendas de diciembre aún se atreven a conservar presuntuosos vestigios de verdor. Y digo que ayer la niebla no se disipó con facilidad; tan sólo se levantó hasta la primera grada del cielo.

Salí a pasear por la tarde, y pasé muy cerca de la iglesia de la que es párroco un amigo del que ya hablé en otra ocasión. Me entraron ganas de ir a saludarle, cosa rara en mí, y me lo encontré en plena misa. Yo busqué el último banco, por hacer caso del consejo de Jesús en la parábola de las bodas (Lc 14, 8-10).

La Iglesia estaba abarrotada de ecuatorianos. Pensé que a lo mejor se estaba celebrando una boda. Pero no: los concurrentes vestían muy humildemente. Había bebés que dormían bajo las delgadas luces del recinto, y otros niños más granados jugaban con los rimeros de hojas parroquiales. Yo sentía que Dios estaba a gusto en medio de la humildad allí reinante, tan lejos del boato del Vaticano. Ésta es la Iglesia en la que creo.

El momento más incómodo de la misa, a mi imperfecto juicio, es cuando hay que darse la paz. Lo paso de veras mal porque la vergüenza se me come en tales ocasiones. Vinieron a mí a darme la mano..., a mí, el único español entre sus filas. Me sonrieron con sencillez y yo lo intenté a mi vez, pero creo que aún debo de aprender mucho del arte de la sonrisa.

Dos jóvenes ecuatorianos llevaron al altar una imagen de la advocación mariana a la que la misa estaba dedicada; la colocaron bajo la lámpara que colgaba del techo, cuyos hermosos rayos caían como un arroyo de luz sobre las dulces fisonomías de la Madre y del Hijo.

La misa terminó, los feligreses se fueron dispersando y yo me acerqué a saludar al párroco. Me aclaró que aquella advocación mariana era la Vírgen del Quinche, que junto con la del Cisne constituyen las imágenes de María que más adeptos tienen en las lueñes tierras de Ecuador.

Antes de irme de la iglesia, pues la siguiente misa no iba a tardar en comenzar, nos sentamos en un banco de la primera fila, y el párroco me dijo unas palabras que creo no podré olvidar jamás:

"Es duro estar lejos de casa. Nosotros lo sabemos bien, pero ellos más que nosotros. No queremos en muchos casos que sean nuestros hermanos, pero su Vírgen es también Nuestra Madre".

Yo me callé, pues no conseguía que las palabras se ligaran a mi lengua, y proseguí mi paseo.

Hay españoles que se sienten incómodos por no encontrar compatriotas en los vagones del metro, pero ¡qué grande es la familia de Dios!

Y si las lágrimas no entienden de razas ni de colores de piel, ¡cuánto menos el amor fraterno!

El jardinero de las nubes.


Texto agregado el 06-02-2008, y leído por 155 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2008-04-04 06:13:05 Preciosa lección de hermandad entre los pueblos, y preciosas tus palabras como siempre...5* aguaderocio
2008-03-23 16:37:46 Los que hemos estado fuera de nuestra tierra, o sólo lejos de la tierra agradecemos este escrito. Bien Hubeca
2008-02-08 14:07:39 En primer lugar ...Me siento analfabeta ante tan vasto léxico...En segundo lugar este texto logró que de mi brotaran lagrimas que mojaron el papel en el que lo imprimí , pero fueron lágrimas de dulzura y gratitud. Por pensamiestos como este es que vale la pena seguir viviendo en este planeta, entre tan hermosos humanos . Por esto vivo!!!! miranda_obi spo
 
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