La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / aac / Más que una ruina

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:335715]

I. 3. La Casa familiar

Menos mal que no tenemos que pagar casa y, aunque no muy a gusto, nos vamos entendiendo y compartiendo el poco dinero que disponemos e incluso, aunque no con excesivo entusiasmo, la realización de las tareas más necesarias. Toda nuestra relación social, incluso con la familia de nuestros padres, la mantenemos con y a través del bullicio de locales de hostelería. No recibimos visitas en casa, ni mantenemos relación de vecindario como cuando vivían nuestros padres. Somos una familia atípica en todos los sentidos, pues nos cobijamos, más que compartir, en un mismo domicilio, aunque comamos juntos y de lo mismo y no haya diferencias a la hora de preparar la comida e ir a la compra, tanto en lo económico, como en el trato familiar.

La casa, la tenemos distribuida tal como estaba en tiempos de mis padres. Ni se ha quitado, cambiado o modificado costumbre alguna. Por no cambiar, ni hemos sustituido los cristales rotos de los ventanales de la última planta, que no se habita. Tampoco cuidamos el jardín, ni los alrededores. Desde el exterior parece más un paraje abandonado, que una casa habitada. En el interior, nos limitamos a dejar pasar el tiempo, limpiando y recogiendo únicamente lo imprescindible o lo que tú mismo has manchado, especialmente si notas que te está viendo alguien. La planta baja, la utilizamos todos para todo y es donde comemos y pasamos la mayor parte del tiempo. En la primera planta, están las habitaciones aunque sin cerraduras y medio dividida en tres partes: la que utilizan Ana y Alejandro, otra que utiliza Teresa y su hijo Tomás y la utilizada por mí, que ocupaban mis padres cuando vivían y que consta de dos habitaciones, un hall-vestidor y un baño. La segunda planta y bajo cubierta, es más un trastero al que hace bastantes años que no sube nadie. La parcela es bastante grande: tiene unos 5.000 metros y está cerrada por una valla metálica cubierta de cierre vegetal de casi dos metros de altura y muy tupido, que hace que sea muy difícil atravesarlo, con lo que no tenemos miedo a que nadie pase a través de él. Además de la casa, hay un viejo invernadero, una pequeña rosaleda con dos bancos de madera y una zona más frondosa de manzanos y arboleda silvestre.

Esta casa, ya no es morada apropiada ni para las palomas que habitan en la cubierta, junto a los fantasmas de la primera dinastía “San Martín Refreita”, que tan orgullosamente paseaba mi abuelo y después mi padre, por esos acuartelamientos militares donde ganaron medallas, honores y lo poco que poseemos. De noche, más que dormir, durante el verano tenemos bastante entretenimiento con la invasión de mosquitos que nos acribillan por todas partes. La edificación, de ventanales grandes y techos muy altos y cortinajes, alfombras y muebles de cuando la construyó mi abuelo, siempre estuvo al cuidado de varios criados que se ocupaban de la comida, de nosotros y también del jardín y de la casa. Hoy, que ya no hay criados, está más poblada que nunca; además de nosotros y los fantasmas que mi hermana Teresa y Tomás, están seguros de haber sentido y oído alguna vez, está invadida de toda la variedad de bichitos censados en varios kilómetros a la redonda. Hay cucarachas de varios tamaños, tipos y colores: negras, rubias, gordas, alargadas, con el lomo plano o encorvado, cabeza del mismo color que el caparazón o más clara; hormigas caseras y de hormiguero y que componen un abanico multicolor de razas y tamaños. Me sorprende lo respetuosas que son con el territorio. Cada uno, cada grupo, nunca invade el de los demás. Conviven sin conflicto de especies. Los suelos y las paredes, hasta una altura de máximo un metro, es territorio exclusivo de hormigas y cucarachas, aunque a veces he visto algún gusanillo, que creo es larva de alguna de estas especies, pero que no son habituales. El espacio aéreo, donde realizan acrobacias de entrenamiento y también como inspección de objetivos, está amenizado por insectos típicamente caseros y habituales de las casas rurales: moscas, mosquitos y de vez en cuando, algún abejorro. Las moscas, creo que son siempre las mismas y de la misma familia, pero los mosquitos, que rara vez llego a ver alguno, son diferentes en raza y tamaño. Los distingo por el ruido de sus motores, algunos como viejos reactores de guerra y otros, los menos, auténticos cazas de vuelo supersónico, pues antes de detectar el ruido del vuelo, notas el aguijón de la picadura; y tan veloces, que el manotazo instintivo que le largas a esa parte de tu anatomía ya castigada con el veneno y la succión de sangre, le eliminas las pocas defensas que le quedan con el mazazo que por añadidura, tú mismo te propinas. Los mosquitos, técnicamente están mucho mejor dotados que cualquier otro insecto. Pueden actuar con luz, a oscuras, sobre objetivos a la vista o incluso camuflados o escondidos por telas, ropajes o cubiertos por varias capas de cremas, ungüentos e incluso repelentes olorosos y bacteriológicos ideados como arma defensiva contra sus ataques. Nunca ves el cadáver de un mosquito. Sus actuaciones son rápidas, cortas y muy efectivas. Conseguido el botín y cumplida la misión, desaparecen. Para mí, todo esto forma parte de la casa y también de la familia. Habitan la casa desde antiguo y digo que disfrutarán de los mismos derechos que los demás. Que sepa, no hay ratones, aunque de ver alguno algún día, no me sorprendería nada. En el jardín si sé que hay topos, por los montoncitos de tierra que periódicamente van apareciendo, pero me dijo alguien que son muy beneficiosos y yo soy bastante respetuoso con la naturaleza. En los alrededores de la casa y repartidos por el jardín, también hay lagartijas, caracoles y animalejos típicos e inofensivos de la zona. También tenemos un galgo afgano, de fina estampa y pelo muy sedoso, muy elegante y distinguido, que parece un Lord. Para sacarlo de paseo, necesita sesión de lavado, peinado y manicura, pero por lo demás se pasa la vida sesteando como los demás. Vive en casa, pero sale a desahogarse en sus necesidades al exterior y lo hace al fondo entre la arboleda, sin que moleste a nadie. Es un experto cazador de moscas, que hace tumbado en el porche y las caza al vuelo. Sólo las caza. Cuando captura alguna, realiza unas muecas muy divertidas, en un intento de escupirlas sobre la tierra. Este perro tiene toda la fuerza y habilidades en la boca, pero no sabe escupir. Me gusta contemplarlo cuando caza moscas, por la rapidez en lanzar el bocado sobre el insecto, consiguiendo mayor velocidad y finalmente atrapándolo. A veces, intento hacer lo mismo con mis manos, pero casi nunca consigo más que cansarme y bracear como un idiota.

Con el verano, desaparecen todos los insectos salvo algunos organizados batallones de hormigas pequeñitas, que se quedan todo el año, laboriosas y a lo suyo, pero nada molestas.

En primavera y otoño, las estaciones más generosas y confortables para disfrutar y contemplar los exteriores de la casa, hacemos algún arreglo en el arbolado y abonamos y segamos la pradera que la rodea, para ya casi en noviembre quitar la hojarasca que invade la finca. En invierno, cuando los insectos se esconden, nos dedicamos a asustar el frío y los fantasmas, que también se guardan y se asoman entre las cortinas y por los cristales rotos que tiene la casa.

Cada invierno recuerdo el de aquel año: crudo y frío en el exterior y en nuestras cabezas, porque la casa en aquella época, era luminosa, cálida y familiar. Además de mis padres y mis dos hermanos, vivía con nosotros Hortensia, la cocinera, y Matías, que actuaba de jardinero, chofer y secretario de mi padre. Contra viento y marea Ana y yo decidimos viajar a Londres con Teresa y Alejandro, en busca de libertad y para afianzarnos como adultos y dar un escarmiento a mi padre, cansados de tanta disciplina, tanta puntualidad y tantos sermones. De aquí salimos cuatro, pero la vuelta fue espantosa para nuestros padres; Ana y Alejandro emparejados y Teresa embarazada. Fue muy problemático al principio, pero a los tres meses y después de no aparecer más que a por dinero, ropa limpia y algún atracón de comida, -siempre que no estuviera mi padre en casa- aquella caída de mi madre y la posterior operación de cadera, nos reconcilió a todos y mi padre, ya dispuso que viviéramos todos en casa. Ya van casi nueve años.

Ahora, es todo muy diferente: por primera vez, tenemos problemas de dinero y ninguno sabe hacer nada que pueda generar ingresos, ni un oficio que permita ganar algo cada mes, a pesar de que nuestros padres nos buscaron los mejores profesores y trataron de enviarnos a los mejores colegios (o a los más caros), al final ¿qué fue lo que aprendimos? ¿Qué es lo que sabemos? Nada, o al menos nada de lo que tenga valor en los tiempos actuales.

Ana y Teresa, estudiaron piano, pero... ¿saben tocarlo? También francés e Inglés... y cuando estuvimos en Londres, era yo el que tenía que pedirlo todo. Lo poco que sé, que no sé nada, también lo debo al Surf y sirve para viajar, que me entienden o por lo menos, consigo resolver las situaciones más elementales como comer, refrescarme, tomar un trago, buscar un taxi, encontrar una habitación y volver a casa sin demasiadas complicaciones. Es para lo único que sirve un idioma, digo yo. Pero ellas, que lo estudiaron y hasta tienen título que lo acredita, no son capaces ni de llamar por teléfono y a mí, que no estudié nada, me llevaban de intérprete. A mí me gusta la vida y si te gusta la vida, la llegas a entender y con ella, todo lo que te rodea: personas, animales y lo que se presente. Sólo hay que vivir cada instante, cada ocasión, cada segundo, cada situación. Ana y Teresa también estudiaron arte: románico, gótico, plateresco y jónico y no sé cuantos más. También hablan de literatura de los clásicos, poetas del siglo de oro y dicen amar el arte contemporáneo. Todo sandeces; lo dicen, como lo de los currículos, pero es todo mentira. Leen lo mismo que yo. Lo mismo no, que ellas, los periódicos ni los abren; revisteo y les vale cualquier cosa que tenga fotos en color y aparezcan modelos, moda o algún exceso en celulitis que pueda lucir cualquier famosilla conocida. Les vale cualquier revista, aunque sea de semanas atrasadas.

Desde que Hortensia se fue al pueblo con su madre, aquí comemos enlatados, pizzas, precocinados y demasiada basura. Menos mal que con los vinos baratos que tomamos por ahí, de paso nos obsequian con bastantes “aperitivos” y por regla general, salvo los fines de semana, el “aperitivo” también sirve de sustento y como ayuda para lucir cuerpos esbeltos y carentes de grasas. Se me escapa la vida, como cada tarde triste, como escapan los días y los meses. Y así un año tras otro, sin ningún sobresalto que rompa la rutina y el aburrimiento y especialmente, este vivir a duras penas que, desde que casi agotamos las reservas que nos dejaron mis padres, llevamos toda la familia.

No sabemos nada de cocina, coser un botón o hacer algo práctico como hacer funcionar la calefacción que tenemos en casa. Es de carbón (de leña y carbón), no tiene ningún mecanismo complicado, como botones, luces y cosas parecidas; solo dos puertas, una pequeña parrilla interior donde se coloca la leña y ya encendida, el carbón; dos relojes para la temperatura y la presión del agua y la bomba que impulsa el agua a los radiadores. Aparentemente, todo funciona: enciendo y enseguida se calienta el cuarto donde está instalada y gira la flechita de la bomba pero el calor, no llega al resto de la casa. Solo se templan los tubos que alimentan los radiadores, pero solo se caldean así que, como no hay dinero para llamar a un técnico, rasca frío y jódete, poniendo mantas. Sí, de verdad, soy un inútil, el más inútil de esta casa, porque soy el que me doy cuenta. Los demás, como no lo notan, tan panchos; Tampoco lo notaba yo hasta que me entrevistó el pijo aquel. No fue la entrevista. Fue la reflexión posterior sobre como encontrar un trabajo.

Texto agregado el 06-02-2008, y leído por 45 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
2008-02-07 21:34:11 Me ha enriquecido el texto de hoy.Primero porque las reflexiones han dado al botón de "on".La descripción de la flora y fauna autóctona de la casa me ha parecido graciosa y cultural en un momento dado.La casa me parece una pasada de bonita,la he visto y con unos pocos de cuidados (aunque sea sin idea) se podría arreglar para convertir en casa rural,esa segunda planta que no se ve hace años,por ejemplo.Ten go cariño al protagonista por la tranquilidad aparente que demuestra y la inteligencia que aporta.Seguimos a ver. australi-a
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]