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Inicio / Cuenteros Locales / rainmaker1985 / El tiempo no pasa en vano

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La tenue luz del alumbrado guiaba sus pasos en la obscuridad. Caminaba con prisa, a ratos parecía estar huyendo de algo... o de alguien. Da una vuelta a la esquina y se detiene por un momento a mirar el letrero de la calle. Sí, conocía ese lugar, no podría haber estado equivocado, tantas veces caminó nerviosamente el mismo camino, conocía cada detalle, cada atajo, cada cerca y cada perro molesto de esos que suelen ladrar a los extraños, pero a él ninguno le ladraba. No había duda de que conocía el lugar, pero tampoco había duda de que parecía haberse ausentado por mucho tiempo. Caminaba prestando atención a cada detalle a su alrededor, tal vez debido a la poca luz que hacía que fuera difícil reconocer los detalles exactos del entorno; tal vez debido a que hacía mucho tiempo que no venía por este lugar. Continúa su marcha. Saca su teléfono, son cerca de las tres de la mañana. Duda por un instante, se detiene de nuevo. Será un buen momento? No ha venido de lejos para dudarlo ahora, pero le resulta imposible evitar el cuestionamiento. Y es que además esa actitud ansiosa con la que parecía querer apurar cada paso que daba, hacerlos cada vez más grandes y así llegar rápidamente a su destino tiene una explicación, el tiempo no ha pasado en vano, y él lo sabe. El aire parece congelarse
a pesar de que no es una noche fría. No hay viento, no se mueve una copa de árbol, una hoja, nada. Sólo se escucha el leve ruido de una hoja de papel que saca de su chaqueta y estira. La luz es escasa, pero algo consigue leer. Tal vez era justo la frase que necesitaba, tal vez ni siquiera eso, bastaba con una palabra. Reinicia la marcha y entra en un pasaje angosto, de a poco se acerca a las cercas de las casas, se para en frente de una, mira hacia una ventana en el segundo piso esperando ver una luz de lámpara porque sabía que ella gustaba de leer durante las noches, en especial cuando le costaba conciliar el sueño o cuando intuía que algo acontecería. Se pregunta por un momento cuál será su reacción al verle. Quizás todo acabe en minutos, quizás esto nunca acabe. Finalmente se decide, busca algo en su bolsillo y extrae un manojo de llaves, selecciona una con cuidado, busca la cerradura del portón, pero no logra ver nada. Sus manos tiemblan ahora. Intuitivamente logra dar con el orificio, inserta la llave... Pero no se mueve. Intenta unas cuantas veces y su frustración va en aumento, trata con otra llave, intenta forzar el portón finalmente de forma desesperada, hasta que un pequeño detalle llama su atención: En el suelo justo por debajo de la reja varias cartas se apilan en un montoncito. Se cubre la cara con ambas manos en un gesto final de resignación y decepción, se echa sobre la reja y mira al cielo como buscando una respuesta: Ha llegado tarde, ella se ha ido.

Texto agregado el 08-02-2008, y leído por 36 visitantes. (0 votos)


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