Se ha hecho muy frecuente la costumbre de levantar armas, ante el menor incidente ocurrido entre dos personas. Una manera de decir.
Así surgen insultos, desmentidos, y la falta de cortesía en responder una pregunta, como si el entornar la puerta fuera lo mismo que cerrar una puerta bruscamente sin pretender volver a abrirla.
Y lo hace la persona que considerabamos educada, y lo hace el amigo, el hermano, el vecino. Quien se considera lastimado porque el comportamiento ajeno le demuestra que no tiene razón y le explica de su error, entonces, una guerra está establecida.
Las consecuencias difícilmente sean gratas.
De nada valió la puerta entreabierta, la invitación a entenderse, y lo cometido y los supuestos cometidos, dañan sin posibilidad que sea de beneficio.
Ví, mirando dos caminos de hormigas que iban y venían, a dos de ellas que se encontraron en medio de un sendero y se detuvieron en actitud de decirse algo. Como lo hacemos nosotros, los humanos.
Permanecieron así por algunos segundos y las dos juntas caminaron por el mismo camino, o sea que una de ellas regresó de donde venía para acompañar a la otra.
Esperé por ellas y mi sorpresa fue que regresaron a los diez minutos.
Una soportaba el peso de una hoja seca de un árbol, bastante grande para cargarla sola, y la otra hormiga le seguía sosteniendo la parte posterior de la misma hoja.
He pensado respecto a ellas.
He valorado la importancia de comunicarse.
He reconocido que a "buen entendedor pocas palabras", la conveniencia de ambas fue una prioridad, lo demostraron.
Me pregunto: ¿Qué hubiera pasado si la que indudablemente solicitó ayuda no la hubiera pedido?
¿Y sí la que respondió afirmativamente en ayudar o bien obedeció una orden, se hubiera negado?
Nunca escuché la voz de las hormigas.
No sé, quizás dijeron las palabras que nosotros necesitamos pronunciar, o se miraron de manera diferente. Aunque sea la química lo que hace de voz, entre ellas.
Pero, no es lo que quiero destacar.
Me importa haber experimentado que conocí dos hormigas a las que yo creo son felices, se entienden.
Pienso que todas ellas deben actuar igual en las mismas circunstancias.
Indudablemente continuo pensando.
Creo que la diferencia, entre quienes tienen una vida de relación feliz con quienes su vida de relación no lo es, no reside en la cantidad de conflictos que tengan, sino en la actitud de quienes reconocen que ser felices debe ser prioridad del ser humano que entiende que, la vida es muy corta para dejar para más tarde el esfuerzo por ser sanamente felices.
Para ser felices se trabaja, como lo hacen las hormigas. Y se respeta el trabajo ajeno y el propio, como lo hacen las hormigas...
Ellas, quizás tengan un concepto de felicidad de manera distinto al nuestro pero, entienden y trabajan juntas por ese entendimiento.
Hoy pretendo mirar, cuantas veces más pueda, dos diminutas criaturas que son parte del mundo nuestro, el único.
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