El pueblo visto desde esta ventana empieza a ser bonito. Pero yo no podría hacerme invisible para ir allí y disfrutar de sus calles, sus plazas, sus caminos... La iglesia se me abre de noche y busco el último banco. Quiero clavar mis rodillas en la tabla, cruzar mis manos, abatir mi cabeza y pedir perdón porque la primera vez no quería que la luz de Dios me bañara por completo. Quería buscar la venganza de Montecristo.
Hice daño, sí; mi verbo fue como una espada de dos filos. Y sufrí yo también... hasta que llegó la carta del ángel. Allí quedó escrito cómo debería de ser el jardinero, cómo debería emplear el don que Dios le había dado. Tuve que volver para terminar ese proyecto no meditado. ¿Qué me has hecho hacer, Dios amado? Yo tengo agujeros en los calcetines, y sin embargo Tú me has llamado a todas horas para sacar a la luz el fruto de nuestras soledades, de todos estos años juntos. Y debe ser así, porque Tú lo quieres. Al ángel se lo dijiste: él no quería vida, pues dale la vida. "Yo os aseguro que el grano de trigo seguirá siendo un único grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera; sólo entonces producirá fruto abundante. Quien vive preocupado por su vida, la perderá; en cambio, quien no se aferre a ella en este mundo, la conservará para la vida eterna" (Jn 12, 24-25).
Quiero que el mundo sepa que tú, ángel que me lees, fuiste quien me levantó de la tumba. Buscas mi alegría cuando me asedian las borrascas de la vida. Me cuentas tus alegrías y tristezas para que yo te ayude. Y no: has sido tú quien me ha ayudado a mí. Por eso, rezo por ti en esta desierta iglesia de mi pueblo. Este pueblo por el que tú tanto has rezado y sobre el cual has derramado tus bendiciones. La flor nace de la tierra de sus amores, alarga su tallo a los cielos y desde los cielos alegra al mundo entero. Ésta ha sido tu lección, y ahora que salgo de la iglesita de Aldea para buscar el descanso de mi lecho, soñaré en el jardinero que tú siempre deseaste que fuera. Y ese jardinero, aunque su vida se quiebre cual frágil cristal, es el que siempre encontrarás.
El jardinero de las nubes.
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