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Defensa de los inmigrantes

Empiezo a sentir una honda tristeza a causa de ciertos comentarios que algunos de mis paisanos hacen con perversa arbitrariedad acerca de los inmigrantes. ¿Creemos que es fácil dejar una tierra para ir a buscar el pan a otra? Hablamos de defensa de nuestras costumbres e idisincrasia, pero yo hablo de defensa y supervivencia de la raza humana. Hablamos de los inmigrantes malos, pero yo digo que también hay malos entre nuestra gente. ¿Pensamos acaso que Dios nos ama más a nosotros que a ellos? ¿Estamos perdiendo nuestra ética humanitaria? ¿Miramos esquinadamente a quienes también son nacidos de madre, y en muchos casos tienen la desgracia de tenerla lejos? ¿Nos estorban sus niños y sus bebés? No quiero conocer esta perversión, esos aires de superioridad por parte de nuestra raza. Una raza que antaño integró también un nutrido ejército de inmigrantes.

Y yo hablo de Dios, que ama hasta la más nimias de sus criaturas. Y ama al inmigrante, pues El toma su defensa, como así está escrito: "No oprimas al emigrante: vosotros conocéis cuál es la condición del emigrante, pues fuisteis emigrantes en la tierra de Egipto" (Ex 23, 9).

He aquí, asimismo, un fragmento del hermoso "Cuento de Navidad", de Charles Dickens, que bien se merece una reflexión:

"-Espíritu -dijo Scrooge, con un interés que no había sentido nunca-, dime si vivirá Tiny Tim.
-Veo un asiento vacío -respondió el fantasma- en esa pobre chimenea, y una muleta sin dueño, cuidadosamente conservadas. Si el futuro deja intactas esas sombras, el niño morirá.

-No, no -exclamó Scrooge-. ¡Bondadoso espíritu, no! Dime que a él lo salvarán.

-Si el futuro deja intactas esas sombras -repitió el fantasma-, ninguno de los de mi raza le volverá a encontrar aquí. ¿Y qué importa? Si él ha de morir, mejor será que muera y disminuya el exceso de población.

Scrooge bajó la cabeza al oír sus palabras repetidas por el espíritu y se sintió abrumado de arrepentimiento y de pesar.

-Hombre -dijo el espectro-, si eres hombre de corazón y no de diamante , prescinde de esa jerga perversa hasta que hayas averiguado cuál es el exceso de población y dónde está. ¿Vas a decidir tú qué hombres son los que han de vivir y cuáles han de morir? ¿Acaso a los ojos de Dios eres tú más indigno y menos apto para la vida que otros millones iguales al hijo de este pobre hombre? ¡Ay Dios! ¡Tener que oír al insecto que está sobre la hoja hablar dogmáticamente sobre el exceso de vida entre sus hermanos hambrientos en el polvo!"

Algunos de mis paisanos me atribuirán mayor locura de la que ya arrastro por mi defensa de los inmigrantes.

Quizá haya llegado el momento de defender a los que así piensan de sus propias almas.

El jardinero de las nubes.


Texto de jardinerodelasnubes agregado el 09-02-2008.
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