Del ciprés y la tormenta.
( Dedicado a mi hijo )
Niño que naciste
del ciprés y la tormenta,
greda horadada
amor cansado,
no rompes tu silencio.
Tu alma esculpida
con mágico cincel,
te encendió la sangre
en tu abandono peregrino.
En el infinito de cada día
encontraste la luz
no te doblega el dolor
en el alero de tu paz.
De ingenio, sudor y rabia,
alfarero de tu hombría,
en la armonía de tus ojos,
yo puedo descansar.
Ignacia.
09 - 02 - 2008.
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