Los ciruelos caen maduros, y
el sabor de su zumo
se desliza por mi ardientes labios,
igual que el sabor de aquel amor
que se marcho pescando arabesco
en el infinito, desnudo de olvido,
la gota dulce de la esperanza
oculta, llora sus secretos de flor
marchita, flota en el camino del ayer su
místico sueño que juega con los recuerdos
disfrazado de insomnio y de jazmín,
abandonada, languidece fecunda
humedecida de momentos pasados
metamorfosis que alimenta su imagen,
como un faro a la orilla del mar, poderoso y gentil,
silencioso canta su fulgor de libertad y cristal.
MARÌA DEL ROSARIO ALESSANDRINI.
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