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Inicio / Cuenteros Locales / ggg / Los niños sin nombre (parte II)

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LOS NIÑOS SIN NOMBRE (parte II)

- Este silencio, este silencio - se dijo Lucas - no es normal. Decidió meterse en el auto y probar suerte con el arranque. Dentro del auto, intento otra vez en vano. Y pensó que solo tendría que hablar con personas adultas y no dejarse influenciar por la imaginación de los niños.
- ¿Qué estoy pensando?, – se dijo, mientras salía del auto – vamos acá no pasa nada raro. Soy un tonto sugestionado.
Decidió probar suerte en otra casa y en la otra dirección. Caminare un par de cuadras y lo intentare, se dijo. Y caminó mirando atentamente el vecindario: casas con las puertas cerradas y algunas ventanas abiertas. Alcanzaba a divisar el patio trasero de muchas, pero no se veía movimiento alguno. No llego a las dos cuadras cuando se decidió por una y pensó: no debe haber ningún lugar en la tierra más común y normal que este. Atravesó la puertita baja de la verja, llego hasta la puerta y llamó. Dos golpes, la espera de unos segundos, la puerta se abrió y lo atendió un niño. Unos ocho años, pelo negro, piel morena y… Si, pensó Lucas, absolutamente normal.
- Buen día, ¿puedo hablar con tus padres? – Le pregunto decidido.
- ¿Tiene problemas, señor? – Dijo el niño, tan naturalmente como puede decirlo un niño de esa edad.
- Si, - dijo Lucas, aun mas decidido – necesito hablar con un adulto ya. Llama a tus padres por favor.
- Aquí no hay personas grandes, señor. – Dijo el pequeño.
¿Nadie? ¿Qué seguirá ahora?, pensó, y se dio cuenta que seguían las cosas raras.
Apoyándose con una mano sobre el marco de la puerta y pasándose la otra mano por la frente y el cabello, Lucas, miro hacia afuera y luego al suelo. Y luego mirando al niño que lo observaba expectante, le pregunto:
- ¿Tienes hermanos?
- No.
- ¿Tus padres te dejan solo en casa?
- No estoy solo, - dijo el niño – estoy con un amiguito y jugamos a las escondidas. ¿A usted le gusta jugar a las escondidas?
Y Lucas se irritó, estaba cansado de este juego y pensó: voy a conseguir ayuda de alguien aunque tenga que llamar una y otra vez en cada casa hasta que… sea de noche. No estuvo seguro de porque no se atrevió a decir la palabra: oscurezca.

Allí estaba delante de ese niño en esa casa silenciosa y algo martillaba en el fondo de su ser amplificado por ese silencio que casi se podía oír, Lucas nunca había sentido esa sensación: la de que todo lo que estaba delante suyo en realidad no estaba allí, como si lo que viera fuera una representación de la realidad que no llegaba a estar completa y de pronto creyó descubrir la diferencia: en este lugar, en este pueblo, faltan cosas. ¿Dónde estaba el sonido de fondo de algún vehículo o su bocina?, la propia casa le daba la impresión de estar incompleta y también notó observando hacia dentro, desde la puerta, que la luz que iluminaba el interior no parecía venir de ninguna lámpara y ¿Dónde estaba el sonido familiar de un televisor encendido?, bueno, tal vez esta apagado, se contestó Lucas.
- ¿Te gusta ver televisión? – le preguntó al niño, casi distraídamente.
- ¿A usted le gusta? – contestó el pequeño como si hubiera estado esperando la pregunta.
La rápida respuesta puso en guardia a Lucas, esas actitudes evasivas ya las conocía. Y decidió que esta vez hallaría una respuesta a sus preguntas.
- ¿A dónde fueron tus padres?
- No puedo responder esas cosas a un extraño, señor. – dijo el niño.
- ¿Puedes decirme tu nombre?
Algo cambió en la actitud del niño cuando escuchó la pregunta, Lucas lo notó: en su mirada, que se transformó de la de un simple niño respondiendo a un adulto a alguien muy consciente de la situación y en su rostro que casi dibujaba una sonrisa burlona y traviesa.
- ¿Todo el mundo debe tenerlo, señor? – preguntó aquel, ahora también, extraño niño.
- Si, todo el mundo lo tiene. – dijo Lucas, entre inquieto y aprehensivo.
- Si, todo lo que existe lo tiene. – Dijo el pequeño, curiosamente.
Lucas casi había perdido el control, el extraño comportamiento del niño y el silencio omnipresente del lugar que le hacía sentir que era el único habitante de la Tierra lo sumió en la inseguridad. Quería irse y ahora se daba cuenta que sea lo que sea que ocurría allí no era bueno para el. No era solo el niño y su actitud, eran los niños y sus actitudes y palabras, era el lugar, era el silencio y esa sensación de irrealidad que se hacía cada vez más real. Solo atinó a decir, rápidamente, casi sin mirar al niño, mientras se iba:
- Gracias, adiós.
Mientras se alejaba escuchó la puerta cerrarse tan claramente que se detuvo y pensó que ese era el único sonido, no solo que estaba escuchando, si no también, el único que se produjo en ese momento, en todo el pueblo.

Ahora, no estando seguro de lo que había pasado, pensó: si no hay nada raro aquí, entonces hay algo raro conmigo. Y estaba confundido. ¿Qué le impedía salir corriendo de allí?, se preguntó, no huiré de aquí corriendo, me escaparé caminando tranquilamente, se contestó. No se pudo reír de su mal chiste y recordó los sándwich y la bebida fresca que tenia en una conservadora en el auto y decidió comer algo. Cuando llego al auto estaba tratando de convencerse que los adultos debían estar en una reunión, alguna convención, fiesta o algo así. No faltaría mucho para que vea a un mayor. Así, con esas ideas como parches y un poco de cansancio se dedico a saciar su hambre y sed, dentro del auto. Y pensando, se pregunto: ¿Cómo se llamara este pueblo?, y sonriendo mientras masticaba se contesto: - El pueblo de los niños sin nombre.
Un nombre, – pensó – que extraño, la niña me pidió que le diera un nombre.
Y masticando y a la vez dormitando era consciente de ese silencio irreal, en voz baja, en susurros se decía:
-Ni siquiera el canto de un pájaro, ni siquiera el canto de un pájaro…
Se llevo el sándwich a la boca para otro bocado, mientras, con pesadez trataba de echar una mirada por una de las ventanillas y se quedó quieto en esa posición. Porque había olvidado que la casa de la pequeña estaba en la esquina y también porque la estaba viendo allí parada exactamente donde la dejó la última vez que hablo con ella, como si lo estuviera esperando. Y Lucas recordó lo extraño que se tornó la conversación con ella, igual que con los demás niños, ¿ellos jugaban con el, eludiendo sus preguntas? Tal vez había comido y bebido lo suficiente, la cuestión era que ya no tenía hambre y dejo ese sándwich a medio comer. Y la observo, casi juraría que miraba directamente hacia donde estaba el, solo estaba parada, quieta. Que me cuelguen si me asusto de una tierna niña, se dijo, y se preparo para salir del auto. Salió y, tratando de sonreír, se dijo que tomaría el toro por las astas. Caminaba hacia allí, mientras recordaba lo que habían hablado anteriormente sobre la noche, la niebla, la gente perdida y aquello que le grito pidiéndole un nombre. Ya estaba a unos pocos metros de la niña y sentía que una parte de su ser le decía que saliera corriendo y otra parte le decía que se dejara de estupideces. Pero de algo si estaba seguro: no quería seguir estando en ese pueblo cuando oscureciera.

-Hola, - dijo Lucas seriamente, ya que no podia sonreír – me harías el favor de llamar a tus padres.
La niña no contesto, pero Lucas comenzó a escuchar un sonido proveniente de ella, era como el cercano murmullo de un río y también el sonido del viento y sintió un mareo. Y, ahora si, decidió que era hora de salir corriendo, giro y empezó a correr hacia el auto. El mareo lo hizo tropezar y caer, se sentía pesado como si cargara con una mochila. Y no quería mirar hacia atrás porque seguía escuchando extraños sonidos y temía lo que pudiera llegar a ver. A los tropezones llego hasta el auto y se metió en el, asustado trataba de hacerlo arrancar en vano. Miro hacia donde estaba la niña y vio que caminaba hacia el.
-¿Qué esta pasando aquí? – Se pregunto asustado.
Cuando la niña llego hasta el, Lucas con los ojos bien abiertos, la escucho decir:
- Usted busca cosas que no existen aquí, esta en un lugar que jamás llegara a comprender. Usted entro a nuestro mundo y ahora tal vez nunca regrese al suyo. Váyase antes que oscurezca o lo veré desde mi ventana.
- Yo… yo solo llegue aquí… porque mi auto… - Balbuceaba, Lucas.
- No, usted entro por una puerta a este mundo y ahora debe encontrar la salida.
- ¿Dónde esta? – le pregunto a esa extraña niña.
- La encontrará, si la busca.
Y Lucas trato de reaccionar con lo que le quedaba de valor, sensatez y sentido común. Entonces le dijo a la niña y a si mismo:
- Este solo es un maldito pueblo, hace un hermoso día, tú eres una niña traviesa y lo que escuche eran sonidos provenientes de una de las casas y solo tuve un simple mareo. Estoy de paso en este pueblo común y corriente y no recuerdo haber atravesado ninguna puerta con mi auto, ahora basta de juegos y bromas y ve a llamar a tus padres para que me ayuden a arreglarlo. Esa es mi puerta, esa es mi salida. – Remato Lucas. Y la niña contesto:
- No, Lucas, esa seria su salida en su mundo.
Y Lucas la miro y pensó: es rara como el niño, si, es tan extraña como el y si es verdad lo que dice me volveré loco aquí. Y luego hizo la pregunta que sentía eternamente pendiente de respuesta:
- ¿Cuál es tu nombre?

¿Tal vez porque hizo esa pregunta todo pareció detenerse?, ¿tal vez por eso todo lo que lo rodeaba parecía tomar un aspecto extraño? ¿Era su imaginación o la niña parecía alejarse de el, aun sin moverse de donde estaba? Entonces llego a la conclusión a la que su lado racional lo condujo: estoy enfermo, tengo alguna especie de enfermedad mental y necesito más que un mecánico para mi auto, necesito un medico. Su mente comenzó a vagar, a flotar, veía la imagen del rostro de la niña en una especie de calidoscopio y se desmayó. Lo primero que vio al despertar fue el techo del auto y se sobresaltó. Tenía el sándwich, a medio comer, deshecho en la mano, lo había apretado con mucha fuerza. Se había dormido y la sorpresa del despertar tenía a Lucas con la boca abierta. Mientras se iba reponiendo de la sorpresa se preguntó: si un sueño o mejor dicho una pesadilla como la que había tenido podía verse y sentirse tan real… ¿tan real?
Mientras se acomodaba y limpiaba dentro del auto, otra vez, se sobresaltó con una pregunta que vino a su mente: ¿durante cuanto tiempo estuvo dormido?, tal vez inconscientemente se dio cuenta de las incipientes sombras de un atardecer que lo rodeaban, aun antes de observar por las ventanillas y ver el sol en su caída, no muy lejos del horizonte sobre ese pueblo silencioso y vacío. Algo más le llamó la atención, mirando hacia los puntos más alejados del pueblo la imagen se veía difusa, Lucas no podía creer que fuera niebla, el sol no debería permitir que se forme, aún, pero eso parecía. Y, si, Lucas pensó en lo que le dijo la niña acerca del oscurecer y la niebla y eso no fue en ningún sueño, tal vez sea una característica natural de la zona, pensó, ¿desde cuando la niebla es anormal? pero, ¿y lo que dijo de la gente que parecía perdida y asustada? Solo imaginación infantil, se dijo, aunque sintió incomodidad ¿o tal vez inquietud o miedo? Porque se dio cuenta que pronto, probablemente, el se halle perdido y asustado en una noche neblinosa, mientras una extraña niña lo observa desde una ventana ¡como le dijo en el sueño! Esta última reflexión alarmó a Lucas, que sintió desesperarse, me iré de aquí caminando, pensó. Ya no buscaría ayuda allí y sintiendo una sensación de irrealidad se dijo:
- Tengo poco tiempo.

CONTINÚA...

GGG

Texto agregado el 10-02-2008, y leído por 206 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2008-05-13 21:00:40 muy pero muy bueno... 5* y sigo kone
2008-05-07 23:41:14 He disfrutado mucho leyendo estos capítulos, pero me doy cuenta que son de febrero. Ojalá la continuación llegue pronto, quedaré a la espera. Mis felicitaciones- tiresias
2008-05-05 14:14:12 me encanta... 5* no tardes mucho en escribir la tercera parte!! sesi
2008-04-29 20:13:54 me entretuve, es una historia interesante lucas1015
2008-02-26 12:18:33 *****, como sigue!!!!!!!!!! URGENTE!!! FELICITACIONES GABRIEL!!!! MAGAROSA
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