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Inicio / Cuenteros Locales / jardinerodelasnubes / La \"Sindical\" de Aldea

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Bueno, ya se están acabando las Navidades en Aldea. Queda el paso de sus Majestades los Reyes Magos de Oriente y poco más. Luego el invierno será con los aldeanos.

Las arenas del recuerdo me han conducido al viejo edificio de la Sindical, ubicada en la embocadura de la calle Salvador con la calle Real (entonces Calvo Sotelo), justo enfrente del antiguo kiosco de la Fita. A principio de los ochenta estuvo habilitada como lugar de actividades juveniles y local de ensayo para la banda de música y la de tambores y cornetas.

Una fría noche de esas fiestas navideñas de antaño, me atreví a entrar en el mencionado local. La puerta tenía el travesaño un poco elevado; para franquearla había que hacer casi el mismo malabarismo que para subir al vagón de un tren (a lo mejor me equivoco en mi ensoñación; si es así, por favor, corríjanme). La luz que allí reinaba era vagamente anaranjada, si bien no demasiado abundante; había un acogedor trasfondo de penumbra adherido a los recoletos muros. Creo que en el interior la amenaza del frío era conjurada mediante el empleo de dos o tres estufas de resistencias eléctricas, de ésas que tenían semeje de antena parabólica. Me parece ver la imagen de ciertos disputados futbolines y acaso una mesa de billar. Pero sí recuerdo que jugaban, entre otros juegos de mesa, a las damas, lo cual creaba no poca expectación en torno a los jugadores. V. J. Coello era un contrincante invencible, siempre con su pitillo en el rincón de la boca. Yo no jugué ninguna partida con él, aunque me lo ofreció, porque yo sabía que en cualquier actividad de competición llevaba las de perder. Yo no he valido nunca para competir en nada.

Aunque hubo otros que en aquella ocasión me abuchearon y me tildaron de gallina, vi en los ojos de V. J. Coello un destello del espíritu de la Navidad; parecía como si entendiera que el valor de una persona está más allá de una simple partida de damas o de cualquier otra actividad competitiva. Pocas miradas como ésa he podido captar en el pueblo. Por tal motivo, aunque ya no sepa nada de la vida de Vicentillo, pido a Dios para que allá donde esté este señor, y haga lo que haga, no deje de estar su vida colmada de bendiciones.

Nos damos cuenta de que los años han pasado muy rápido, y en cambio ya hay una gran distancia en el tiempo. La Sindical ya presenta otra fisonomía, aun cuando antes hubiera de pasar por la aberración de transformarse en Ateneo de quita y pon.

Ahora yo me siento satisfecho del actual empleo que le están dando. Sin embargo, todavía me parece percibir el crujido de su arcaico suelo de tabla, y con este recuerdo va asociada la mirada navideña de V. J. Coello, orlada de una nube azul de tabaco.

El jardinero de las nubes.

Texto agregado el 12-02-2008, y leído por 78 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2008-05-29 22:06:07 Viví muy cerca de la antigua sindical,recuerda a la banda de música ensayando. Añoro esa dulce época y los niños jugando en la vieja puerta. gentilaldean a
2008-05-28 00:21:42 Un poco más de su vida...no le gustan las competiciones. naturalmente< /a>
 
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