El sol tardío se abate sobre las cañas, y el rostro de una ninfa emerge de las aguas de la laguna.
–Te amo, te añoro... Te echo en falta como la arena del arroyo de mis tardes estivales.
Un escardillo de viva luz me oculta tu rostro. Pero mi corazón te ve, ninfa de la laguna. Ya siento tus labios, tus besos de agua, tu perfume de algas frescas.
En lo alto aparece la primera estrella de la noche, y mis brazos se han hecho de escamas al estrecharte contra mi pecho. La noche me arrastra hacia el amor de mi ninfa.
Se abre tu sonrisa celeste, y tus labios tienen el sabor del agua nocturna.
Arrástrame, ninfa amada, llévame a tu palacio sumergido, entre la arena del río. Que las algas frescas den forma a nuestro lecho nupcial.
Ya te siento mía, bella ninfa de la laguna. El sol me llama desde su trono de estrellas. ¡Oh amada!
El jardinero de las nubes.
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