Paseaba bien acompañada aquella mañana, con la Tristeza de mis ojos y la Alegría de mi corazón, cuando la primera (que siempre tuvo mejor vista) La vio.
- ¡Era Ella! ¡Por allí iba!
La Alegría no se lo creía, y murmuró que la echaba de menos. Yo se lo dije, como ya se lo había dicho mil veces:
- Ella nunca ha estado cerca nuestro. No la puedes echar de menos, no la conoces. Y ya nunca vendrá.
- No lo entiendo... (La Alegría siempre fue una ingenua)
- No es por elitismo. Es por miedo... Miedo a lo que le diré cuando venga.
Y seguimos caminando, calle abajo, sin mirar atrás, sin poder evitar pensar en Ella pero sin la intención de buscarla o perseguirla. La Felicidad de nuevo pasando ante nuestras narices, sin mirarnos siquiera. |