Hoy, por el arte de la amistad
dejo de lado protocolos, marcos
y cátedras.
Quiero hablarte de las ramas,
que se tejen
y entretejen,
mas allá de los símbolos,
mas allá de la pompa.
Hablo de tu hombría de bien,
de tu liderazgo natural,
del desafío alegre
que imprimes a lo cotidiano.
De la esperanza que derramas
sin mezquindad.
De tu linaje
que no se deshace.
De tu arquetipo revelado
con transparencia.
Tu gesto se duplica
en el mérito del justo.
Pongo alfabetos y palabras,
un rumor de remotos ruiseñores,
me dicen, que lo tuyo es:
lo que perdura, en el cristal
de la memoria.
¡Gracias F.!
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