Liberarse
Se desploma el relumbre
como la pluma que dócil se ahueca en la brisa
y encuentra su nido;
brilla su ternura sobre la palma de la mano,
dulce donaire de la hebra de un ángel
que la gracia le agradece;
se desliza el cariño, siempre distante,
aro de abrazos en la nuca del amado.
Cumple el sueño su palabra, planta al alba su semilla.
No es la afronta el cielo, ni su guiño candente,
lo que seduce al desánimo
lo que parte a caricias, a latidos de un pulso,
su ritmo sin límite;
sino aquella mirada, ala que ensalza
la gloria a la lengua,
su fuego a los hechos
y el amor a materia.
Helikaon
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