La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - pickard - 'AMARILLO'


AMARILLO

Bastantes años atrás, ni lo hubiera pensado por que andaba distraído en quehaceres distintos. Pero como muchas cosas que llegan, la primera parte de la idea, atravesó por la puerta de mis inquietudes el 4 de mayo de 1991, 40 años después del inicio de ésta costumbre, sentado en la peor banca del Parque Kenedy en Miraflores, justo cuando delante de mis arrechuras, pasaban unas señoritas calenturientas, haciéndole ojitos a todos nosotros y hallanando el camino para cifrar de locas a todas las extranjeras de piel blanca, que venían a pasar el verano a Lima.

En realidad mi experiencia de reflexión es cortísima pues cortísimo es el efecto que he notado en estos últimos años tecnológicos. Y es que por todas partes en cuanto a su naturaleza más infame, todo pareciera hecho para hacernos creer que lo que llega y se va, lo nuevo destierra a lo antiguo, la edad y su paso es sinónimo de retraso y se ha instalado el momento de hacer las cosas obligatoriamente del modo "usar y botar" y no de otra forma.

De hecho en las bancas que mencionaba, la hora se pasaba feliz hace mucho ya. No asomaban la recatafila de cuadros que hoy se posan como paisaje semi obligado para recorrer. Ahora el parque luce remosado, es cierto. Pero antes los alcaldes no andaban preocupados por ganar fama arreglando veredas o creando espacios nuevos, la preocupación rondaba alrededor de la gente, del ánimo, de lo festivo. Todo era más simple. Uno llegaba, se sentaba y encontraba conversación gratuita, otro llegaba al minuto, el aire iba y venía y los amigos terminaban en un barcito barranquino, celebrando el día en que se juntaron en la misma banca.

Los temas eran fáciles de encontrar, tanto como las miradas ansiosas de una buena charla, de nivel.
El mundo era otra cosa. Y en medio de ese estado de rebelión frente a la modernidad, la Lima de antaño, se volvía difusa en sus voluntades económicas, dando regalada gana a las expansiones románticas o a los sueños de ganadores limitados por sus pequeñas historias.

¡Las conversas de antes! Otro level, como diría mi nieto. En fin. Ningún tiempo anterior será mejor.

Hoy, el cibernáculo demasiado hospitalario, encuentra a los muchachos de edad, ocupados con las cifras macroeconómicas, con la mejor forma de evitar perder el trabajo, con la última moda del aparatito de comunicación que al final de cuentas, "descomunica" como bien podría pronunciar mi otro nieto de 10 años y sin saberlo, haberle atinado a la definición correcta: esta época nos está llevando a la tremenda soledad de la individualidad.

Y es que todo ahora se hace en casa, o en el trabajo, como si de lejos bastase y sobrase para ejercitar la lengua que se encuentra hoy por hoy, debajo de las yemas de los dedos, saboreando y arremetiendo contra teclados y más teclados, de todos los tipos.

Yo recuerdo por ejemplo que jamás, una conversación iba a ser interrumpida por un sonidito extraño -llamado con orgullo casi sexual "polifónico"- y que a continuación ejerce un casi delirante afán por mover los dedos sin sentido y sin respecto, por sobre un teclado minúsculo, mientras el que habla, no sé si por idiota o por desconectado, sigue hablando -no se sabiendo o no- que la otra masa encefálica simplemente ha trasladado su potencial de dicción correcta -osea capacidad de diálogo- hacia el persistente afán de entre dedo y clic, fijar la mirada en una charla virtual que irrumpe como si justificación tuviera.

El mundo está al revés.

Otra cosa que no pasaba ronda con la desfachatez frente a la ausencia de pausa. Las conversaciones de hoy en día son madejas de charlas entrecortadas a viva voz, entre personas una al lado de la otra, hablando de mil cosas al mismo tiempo, y aunque parezca increíble, entendiendo y chismoseando todas las cadenas invisibles de mensajes bucales, que atraviesan por ahí. Es realmente increíble y lo he visto en reuniones y polladas de alcúrnea en los mejores barrios emprendedores y folcloculturizandos.

Las bancas se han quedado solas.

Todo sucede en los locales de las mejores ocasiones para divertirse y ocultarse del diálogo. Pues con lo estridente de la música que allí suena. Hasta el mejor deleite de conquista, puede convertirse simplemente en un juego de miradas, que no digo esté mal, pero que ni siquiera a dicho nivel, estamos entreteniendo la mollera para crear conversaciones refrescantes.

La primera idea del desmendro es entonces la paupérrima situación del diálogo caido a menos.


Texto de pickard agregado el 17-02-2008.
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