Horas tras horas juegan en mí mente,
seleccionan sus papeles y de ahí,
hasta que grito: parad, dejadme relajar.
La idea sigue rondando, manipulan las situaciones,
se disfrazan de pasiones, sonríen y cantan.
Ciegan mis decisiones.
Entre razones diversas, en el papel con sutileza
se plasman, se entregan en alma.
Quiero controlar, esta sensación, más es un misterio
que no siempre logro entenderlo.
Cuando el aurora aparece, ellos enloquecen,
trabajan sin cesar, sin consultar,
todo se reduce en el " arte de narrar ".
Fluye por si solo. Intento localizar
pensamientos dormidos, olvidados, atormentados quizás.
Aquellos que por regla general
nunca te atreves a plasmar,
narrar y menos aun, revelar.
Son los días, que cuando no estoy inspirada,
me envuelve de ternura , de tristeza
en una cálida mañana, en la árida tarde
un bello recuerdo, o espinas sangrientas,
la cuestión es que mi cabeza dá vueltas.
Rápidos son sus propósitos
que la tinta se atrofia, el papel se acorta
y mi mano temblorosa no atina a escribir
tales cosas.
Mi rostro cambia de expresión ,
pero al segundo, mi alma se extremece
y en mis ojos se refleja la alegría
de que de algún modo pertenezca al mundo
misterioso de la escritura.
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