Hola, no me conoces, lo recordara, solo te vi desde aquella dirección, desde aquellos árboles que asemejan un arco iris hacia el paraíso ahora que te paras frente a ellos. Te vi, radiante, propia en tu postura digna de apreciación, en derroche semblante de piropos, una imagen ante todas la imágenes, brochas de la mano de Dios donde el color se mezcla para formar el arte exquisito y sin limites, mezcla del sol, con tus labios, con tu pelo; sobre ti se posó mi entera concentración. Difícil de asimilar mientras pongo sincera resistencia a tu poder hipnótico y por solo unos segundos me creo capas de resistirte. La tierra se estremeció cuando en crujidos se detuvo, pesó toneladas el aire, y la neblina se volvió algodón de metal, donde se discernió la vida, lo que carente de consecuencia deambulaba solo en el pensar de un colibrí no fue más, en fin, todo cesó, pues para ese entonces ya todo era inconsecuente. Ya no obedece mi acto seguido a las peripecias terrenales, marido, novio, amor contrariado, dos completos extraños, me acerco con otro propósito, con otro destino que esta tarde me flechó sin flecha, me dio amor sin amor, me dio futuro sin futuro, me acerco a regalarte esta rosa para devolverte la belleza que tu le has regalado a mis ojos. |